|
01 | 02 | 03 |
04 | 05 | 06 |
07 | 08 | 09 |
10 | 11 | 12 |
13 |
14 | 15 | 16 | 17 |
18 | 19 | 20 21 |
22 | 23 | 24 |
25 | 26 | 27
| 28 | 29 | 30 |
31 | 32 | 33 |
34 | 35 | 36 |
37 | 38 | 39 |
40 41
| 42 | 43 | 44 |
45 | 46 | 47 |
48 | 49 | 50 |
51 | 52 | 53 |
54 | 55 | 56 |
57
| 58 | 59 | 60 61 |
62 | 63 | 64 |
65 | 66 | 67 |
68 | 69 | 70
| El
mundo está dormido, es un volcán muerto, muy poderoso, muy grande,
vertiginoso, grandioso pero se encuentra perdido en medio de su ansiedad y la
verdadera gloria azul no ha tocado las entrañas de vuestras conciencias, el río
corre con sus aguas tenues con sus venas y desenfunda el caballero su arma al
borde de sus días, consume a su paso la jauría del viento hecho polvo y se
acrecienta la infamia en los caminos que conducen a la hoguera del gavilán,
corre tras su ausencia la incertidumbre y el manto frágil quebradizo es osado e
incierto, la tormenta del desierto que gime tras el contento de la aurora fugaz,
se comienza a despejar el día comienza y oscuro ha de ser para el que no ve y
se conforma así. El que tenga ojos y quiera ver el sol, la bruma que mire el
que no abra los ojos que no mire y se sumerja en la oscuridad; El que tenga oídos
que los mantenga atentos y atentos que escuche el mar y la lluvia el que no
quiera oír que los mantenga ocultos, despabilados porque solo escuchara el
silencio antes que la oscuridad; El que tenga nariz que huela y respire el
aire puro que alimenta su alma y crecerá su amor, que huela las fragancias de
las flores y el aire de la mañana el que no quiera oler que cierre sus venas y
no corra porque olerá ceviche y mortecino en el atardecer; El que tenga boca
que hable, cante a los coros angelicales y grite en las gentes el santo nombre
en sus corazones distantes, débiles, ingenuos dormidos el que no quiera hablar,
solo angustias y desprecios alzaran entre su hogar enloquecerá con su
discordia; El que tenga piel que sienta, es el frío de Dios es el alba del que
despierta y siente el día claro sentirá el rocío glorioso, la lluvia que
acaricia los grandes y pequeños arbustos, es el viento suave y vertiginoso que
sentirás en la cima de la cumbre el que no quiera sentir que se queme con la
lluvia, que el viento os entre en la amargura y descargue contra vosotros las
arrasantes y picantes corrientes.
|