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| La oscuridad de la vida comenzaba a ser evidente un grupo de ejercito azul que tachados de pacifistas, también se unieron a la reencarnación de la bestia.
En las calles de todo el mundo se escucharan gemidos de dolor y aún ni siquiera
entre la destrucción deja de aparecer la lujuria, los guardias actuaban sobre
las mujeres del enemigo destruyendo su intimidad y no obstante no sentían las
miradas de sus pequeños hijos, era la era de la muerte, y serán estos
doblemente castigados por mi Dios, corrió despavorido un hombre luego de tener
a su hijo entre sus brazos ya sin vida, sin rostro y descompuesto, gemía entre
su dolor entre la muerte y se adornaba de un fino y espeso baño de sangre que
le brotaba de todas las múltiples heridas que le ocasiono el ejercito de la
bestia, entre sus manos encontró la palabra de Dios y su incomprensión por
estar allí.
Fue pasados muchos años y los dos felinos que se encontraban dormidos, tuvieron
el valor de despertar y combatir a las fuerzas de la bestia, venció a los 10
grandes reinos, cortando sus cabezas con sus afiladas garras que Dios les
concedió para este propósito y comenzó a correr mucho dolor y mucha más
sangre; Por el lado oscuro de la bestia, sé unió y fortaleció a los diez
reinos del mundo, pero no obstante los felinos fueron astutos y sus movimientos
dirigidos por un arcángel fueron los definitivos para poner contra la pared la
miseria y el llanto que tenia invadida la tierra y que no sería desenfrenada
con la sangre nueva, bañaron la sangre vieja y la bestia aún casi vencida se
levantase y siguió combatiendo y destruyo a medio de un felino, el más grande
el más fuerte pero el menos inteligente; El otro felino era, el inteligente, el
observador, el calculador, el que resurgía entre nuevas estrategias para vencer
a casi todo el mundo que se encontraba totalmente desaparecido. Y gimieron los
hombres en los mares después de hundirse sus embarcaciones y colaborar mucho más
para arraigar el azul del mar en rojo de Satanás.
La unión de dos reinos, será la victoria de la paz y no concebirá el mundo la
satisfacción de descansar.
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