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| La ansiedad de la destrucción colmará a todos los hombres de la tierra, y justo a tiempo algunos retomaran la fe de mi Dios porque habrá de cobijar la tierra un
gran manto blanco que llenará aún las calles del mundo de más zozobra y veréis
en los cielos una tormenta de luces que viajan en direcciones diferentes y
forman figuras diferentes y veréis correr a las gentes de igual manera en
diferente dirección sin un lugar seguro a donde ir, pensad en la tierra que
gime como un león y fue cayendo de la cúpula de una montaña como un camino de
paredes brillantes deslizándose como inmóvil fue la bestia en su agonía que
trataba de reclutar más gentes para la gran guerra contra Cristo y habrá de
llegar el día en que en la tierra ya no quede nada de ese mundo tan grande,
aquellas heridas de Cristo que murió en la cruz para liberar nuestras almas y
pecados, los hombres lo vieron padecer y morir aún el mundo siguió como si
nada, y hoy no-queda nada del que un día murió por nuestras almas y quiso
volar sin alas y nadar sin aletas todo por el alma encandecida de pecado y vendrá
nuevamente por nosotros pero no ha recibir heridas ni a derramar su santa sangre
si no ver en los ojos de los hombres lo que han de llevar en sus vidas y llevará
al mundo frente a Dios y estarán juntos ricos, pobres, reyes, bufones, hombres
y mujeres y el manto de Dios que ahora llena la tierra de desolación y frío
inerte seguirá cayendo por todos los rincones de la tierra hasta que cubra el
mundo humano y serán rocas tan grandes que quemarán al tenerlas rozando junto
a la piel y serán endebles que se evaporarán al producir heridas a los hombres
como las que lleva Cristo en su frente, en su pecho, en su espalda, en sus pies
y en sus palmas y se regará la sangre de los pecadores por siempre.
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