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| A
la orilla del abismo se ha quedado la ciudad santa que entrará en la completa
furia de mi Padre y le enviará en un día tres plagas que destruirán su
ciudad, la primera que ha enviado mi Padre será consumada abriéndose los
Santos Cielos, como se abrió el Mar Rojo y descendiendo bruma y vacío y se
quedó la ciudad en completa oscuridad y gemía tan fuerte el viento que
desmontaba las luces que fueren encendidas, esto duraría cerca de tres horas y
entrase hasta los hombres rayos que venían del centro del Cielo y convirtiéndose
en raros animales que volaban a una velocidad incomparable y se acercaba a los
hombres para herirlos y entregarles sufrimiento y dolor; les hacia heridas
dentro de su cuerpo sin dañar su piel, les golpeaba los huesos sin tocar su
carne y algunos los desangraban sin romper sus venas y nadie de los que han
soportado podrá morir; acercándose ya el medio día mi Padre ha de enviar una
segunda plaga, la hambruna félica; todas las gentes que se encuentren en esta
ciudad no podrán ingerir alimento alguno porque todo lo que reciban y coman lo
vomitarán hasta el punto de lastimar sus entrañas y hacerlas sangrar y el
pueblo entero de perdición lanzará ofensa tras ofensa a mi Dios y lanzaran
dinero hacia los cielos desvirtuando al Padre y retándole su gloria con su
dinero y esta plaga de hambruna y vómito se traslucirá hasta la tarde donde
las gentes solo gritarán infamias y comenzarán a alabar a la bestia y a Satanás
quien os escucha y sabe que es este el final de la gran ciudad que habría sido
santa en algún momento; de repente cayó la noche y con ella la tercera plaga y
se despejó el cielo y salió un sol nuevo quien irradió sus rayos solos sobre
esta ciudad y con ellos arrancó la piel de los hombres y quemó sus carnes e
hizo que las aves arrancaran sus carnes y no podrán morir hasta la media noche
cuando uno solo de ellos ha de pedirle perdón a mi Padre y la segunda muerte
también les llegará.
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