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¿Cómo Pinta, Para quién Pinta y Por qué Pinta así Plácido Pistón?
Entender la relación de la Pintura de Plácido Pistón en la Vanguardia
y su relación con el movimiento Postista:
EL Postismo (a) Un Manifiesto establece unas premisas, concreta un credo, denuncia simpatías y antipatías, pero nunca dará, sino en forma abierta y de principio, las normas en detalle de una tendencia.
Ingenuo y ligero será quien crea poder hacer Postismo puro después de leídas estas condiciones. El patrón habrá de buscarlo en las obras, en la obra del Postismo.
Hay manera de despertar la curiosidad, de captar la atención, de suscitar la admiración, de provocar la pasión, de estimular los sentidos y de moverse a conmoción ( no se olvide la más bella definición del Diccionario: Emoción ¬ Movimiento repentino del ánimo ¬ ) pero también es dado inducir a la maravilla Y la Maravilla no se puede producir sino por medio de la imaginación y la imaginación no es sinónimo de fantasía y la fantasía puede a lo sumo ser una hija segundona de la señora Imaginación, más pura e intacta que la madre que la parió: La Razón, y que el padre que la engendró el subconsciente.
Pero, ¿y quién sabe estas cosas? Nosotros, casi por azar; y unas pocas
personas más: unas, a fuerza de devanarse los sesos; otras por dotes congénitas.
La Imaginación puede adivinar cosas, y éste es el sentido profético que en
alto grado tuvieron los primeros hombres y hoy se ha perdido como facultad
característica del Alma; la imaginación puede engendrar monstruos y desatar
perversos instintos, ésto cuando cae bajo el dominio de las potestades maléficas:
los demonios; la imaginación puede especular abstractamente: filosofía, y
experimentalmente: ciencia; pero la imaginación puede también crear, mecánicamente:
invención industrial, y espiritualmente: invención artística lo que no puede
la imaginación es imitar o copiar.
Cuando la imaginación trabaja, el hombre está despierto y en acción; cuando
el hombre está despierto, pero su imaginación no trabaja, el hombre está
parado, y si obra, obra por fuerza de inercia; cuando el hombre duerme, su
imaginación trabaja también; pero separada de él. La imaginación crea
mundos, y, episódicamente, en estos mundos, hechos e imágenes. Si el hombre
domina con su imaginación los elementos que le rodean, con el tiempo llega a
poseer un mundo propio rico en imágenes. Si el hombre de débil imaginación
padece las influencias exteriores es dominado por el sentido común, la rutina y
el mal gusto; ese hombre no tendrá un mundo propio.
También es verdad que cada uno de nosotros se mueve en su propio mundo, y
cuando no se mueve es porque no lo tiene. Sin embargo, puede moverse en el del
vecino. Pero no siempre podemos penetrar esos mundos, porque a veces son tan
pequeños que ni aún la punta de la nariz logramos meter en ellos. Otras veces
nos es difícil introducirnos en ellos por su altura, su cerrazón o su
oscuridad.
Y todos ansían tener un mundo, y lo tienen; o así lo creen. Los unos, por
tontos; los otros, por listos. Lo malo es que muy a menudo lo confunden con la
personalidad, y son dos cosas distintas aunque se parezcan, lo primero es un ser
( como un mundo es un ser), porque se puede crear, vive y puede morir y ser
muerto; lo segundo es un aspecto, un modo de ser, una prerrogativa de los seres.
La personalidad es necesario demostrarla; de lo contrario se llamará únicamente
carácter. El mundo propio, puede subsistir sin exteriorizarlo, es cosa íntima.
El mundo se mueve en nosotros y nosotros nos movemos en nuestro mundo, y la
personalidad es como el periscopio del carácter de nuestro mundo y sale a la
superficie con sudor y trabajosamente. Podemos tener un mundo sin necesidad de
tener una personalidad; podemos demostrar una personalidad y, sin embargo, no
lograr tener un mundo o tenerlo muy pequeñito. Por fin, este mundo puede
externarse, enseñarse (y ser comprendido) y condividirse; la personalidad es
siempre externada, pero nada más.
El Postismo preconiza la existencia y el triunfo de estos mundos específicos,
individuales o colectivos (Las religiones son la más alta expresión anímica
de los mundos colectivos; el arte, la expresión sensorial más pura común a
todos los mundos); el Postismo afirma que el subconsciente es quien facilita la
materia en bruto de toda creación pura. Y la exégesis de la obra postista se
fundará, pues, en este axioma: el subconsciente ha de crear (es el que crea), y
el subconsciente ha de entender ( es el que entiende). De lo dicho se puede
establecer una definición concreta.
El Postismo es el resultado de un movimiento profundo y semiconfuso de resortes
del subconsciente tocados por nosotros en sincronía directa o indirecta
(memoria) con elementos sensoriales del mundo exterior, por cuya función o
ejercicio de la imaginación, exaltada automáticamente, pero siempre con alegría,
queda captada para proporcionar la sensación de la belleza o la belleza misma,
contenida en normas técnicas rígidamente controladas y de índole tal que
ninguna clase de prejuicios o miramientos cívicos, históricos o académicos
puedan cohibir el impulso imaginativo.
Los Postistas lanzamos nuestro manifiesto no con insultos, pero si con
violencia, sentamos nuestro credo y consignamos nuestras afirmaciones más
inmediatas. Empezamos así: todos los poetas postistas nos parecemos
necesariamente; los pintores tendremos mayor amplitud de expresión; no
escondemos tampoco; es decir, lo declaramos abiertamente ( no, pues, como admisión
u homenaje, sino como legitima defensa y demostración de no parentesco), que en
poesía pisamos directamente sobre las pálidas cenizas de Lorca y Alberti, pero
sin hollarlas y sin empolvarnos y sin empolvarnos; que somos hijos adulterinos y
rebeldes de Max Ernst, de Perico de Los Palotes y de Tal y Cual, y de mucho
semen que anda por ahí perdido, aunque ya desecado y pulverizado en mónadas
ingrávidas, pero levantiscas, que pisamos no sobre, sino el ultraismo (esta vez
hollándolo), lo mismo en poesía que en culinaria o balística, que nos
sonreimos amablemente del jamás existido futurismo; que defendemos a brazo
partido la memoria muy honorable de nuestro tío postizo el cubismo y que
tenemos sistema de calefacción en común con el surrealismo; que creemos en eso
de que todo delito lleva en sí la esencia de su propio castigo, mientras
preferimos ciento volando que pájaro en mano; que estamos convencidos de que no
hay tan concreto como lo abstracto; que aseguramos que la imaginación lo es
todo, siendo el primer atributo de la divinidad, pues sin ella no se hubiera
creado, no bastando ni la sabiduría, ni la voluntad, ni el poder; que entre los
hombres la imaginación no tiene más instrumento que la técnica y sin ella no
puede fecundarse a sí misma (...este concepto ¬ de filosofía o de no filosofía
¬ es trascendental, y lo bastante profundo como para que casi nadie lo entienda
si no se le explica pedantemente, cosa que nosotros haremos o no haremos) ni
procrear; que no hay cosas bellas ¬ a no ser las naturales ¬ si no hay
dificultad en la creación, y dificultad vencida con elegancia y estilo; que el
estilo puede estar en la forma, pero también en la esencia, siendo tan cierto
que el estilo es el hombre como que el hombre es el estilo; que la poesía puede
ser la materia misma (naturaleza), pensamiento, y también material poético: lo
que no podrá ser nunca es sólo forma, que lo romántico, lo débil, lo
enfermizo, lo rosa, lo íntimo, lo secreto, lo doloroso, lo espantoso, lo
tremendo, lo fuerte, lo sangriento, lo martirizante, lo obsesionante, lo
emotivo, lo heroico, lo lascivo, lo amado, lo ambicionado, lo perdido, lo
dormido, lo muerto, lo esotérico, lo anímico, lo profético, lo vago, así
como el amor mismo, las flores, los crepúsculos, el cielo y las niñas, no son de necesidad
material poético; que hay palabras como burro, churro y culo que pueden ser poéticas,
entre otras cosas, porque son bellas fonéticamente, así como caca, vaca, nene
y nata, que hay oídos terriblemente sensibles que con todo derecho rechazan
algunas de ellas (a pesar de figurar con todas sus letras en el Diccionario de
la Academia Española); que la poesía lo mismo nace de la idea que del sonido,
de la imagen plástica o de la palabra, y que la palabra, manejada sabiamente
adquiere valores insospechables, aún no estudiados; que el ritmo es inexcusable
en las formas musicales, plásticas y poéticas; que uno de los ejercicios puros
en poesía es el metro, con su hermana la rima, pudiendo surgir de su más
severa y atinada disciplina (se pone en movimiento todo el mecanismo
subconsciente) una fecunda fuente de poesía; que puesto que la poesía está en
todo y todo puede tener un mundo, y éste en ella presentan fenómenos y tienen
leyes universales, lo que se dice de la palabra vale para cualquier otra materia
plástica, y lo que aquí se consigna con respecto al concepto vale para
cualquier forma de arte y hasta de creación o invento, pues todo es lo mismo
aquello que sea obra (no fabricación o trabajo utilitario); que, como conclusión
de lo dicho, el vocablo resulta ser fuerza motora y no tiene únicamente el
valor que nos indican en su frialdad el Diccionario y la Gramática, sino aquel
que le confiere la situación en la cláusula, por no hablar de aquel otro que
nos brinda la palabra con sus raíces ocultas y su poder ascensional
(verbigracia: si yo digo: Los ojos brillan, me atengo sencillamente al
Diccionario y a la Sintaxis; si digo: Los ojos
brillan como ascuas, hallo una similitud libre; si digo: Los ojos lanzan
centellas, recurro al lenguaje figurado; si digo: Los ojos de cristales
encendidos, cometo un Lorquismo; si digo: ojos triángulos cortados,
resulto pobremente ultraísta; si digo: ojos trenes directos ojo ojo ojo,
a lo mejor soy dadaísta, y hasta ahora probablemente no he dicho nada; pero si
digo: Los ojos lloran, o los ojos de llanto, o sencillamente Los
ojos cargados de centauros, o mejor aún la mujer llora trompeta ( o
mejor, cosecha) vaca al diablo -- lo cual vale: llora deshecha
cara al diablo, ya he dicho algo); que si pasando a la imagen plástica (
pintura o escultura ) nos atemos a la reproducción pedestre de un trozo de lo
que tenemos ante los ojos, no haremos sino un pobre facsímil de lo pobremente
visto y que, en cambio, poderosamente existe, mientras que si seleccionamos los
elementos a nuestro alcance, aunque remoto, o los transformamos dándoles una
razón de ser plástica, o cambiamos en ellos características que pueden ser
comunes a otros objetos ( tamaño, orden, colocación, color, etc.,etc.) confiriéndoles
un poder expresivo colocado fuera del innecesario virtuosismo académico,
alcanzaremos las remotas posibilidades de la verdadera composición: La
lógica de lo absurdo; que la invención postista puede por medio de la
imaginación recorrer un ámbito tan dilatado que va de lo perfectamente normal
a la locura; que de lo que más carece el vulgo, además de educación y amor a
prójimo, es de imaginación (pues de tenerla los más vivirían desahogadamente
y los menos serían poetas de veras); y que, por fin, nosotros traemos un
estandarte, un mundo y una técnica para quien quiera seguirnos, o mandarnos, o
escucharnos, o insultarnos, o prendernos y colgarnos al palo maestro.
Con ser el sonido ya de por si concesión maravillosa, el don de la palabra, lo
es doblemente; pero si a esto añadimos que hay grupos de gentes que al
expresarse de forma distinta a otras han pulido y engalanado pacientemente su
propio lenguaje, vemos que cada una de esas extrañas máquinas que son los
idiomas es lo más espantosamente maravilloso del ser humano, aun superior al
mismo pensamiento, pues no habrá teólogo, tocólogo ni ictiólogo que nos
demuestre que el pensamiento fue anterior a la palabra, dándose el caso de que
ni los más inteligentes hablan siempre mejor que los menos, ni que el mentecato
no habla, siendo por lo contrario, verdad grandísima que ejercitando la palabra
y enriqueciéndola se acrecienta la inteligencia. Pues bien: si cualquiera de
nosotros posee esa máquina vasta, delicadísima y enorme (en comparación suya
no son nada un violín, un acorazado o una entera ciudad) y puede moverla a su
antojo, con la facilidad con que se levanta el brazo y se accionan los músculos
de la mano para rascarse la cabeza, ¿por qué no ha de hacer su palabra lo que
le de la gana? A su disposición, delante de él, tiene un enorme cesto, casi
sin fondo, lleno de palabras con que distraerse, formando sentencias que pueden
llegar a ser imágenes, y puede cogerlas cómo y cuando le agrade, y muchas o
pocas, y hasta una sola. Entonces, ¿por qué no lo hace? ¿ por qué no goza de
la superior y sublime alegría de hacerlo ? ¡ Es tan poco libre el hombre ! Y,
sin embargo, con una sensatez de vaca, el muy insensato anda como con miedo de
hacer uso libre de aquello en que precisamente es más libre, es completamente
libre el pobrete.
¡Rompe ya de una, descomunal y vulgarísmo antropiteco; rompe ya de una con tus
miramientos, tu idiotez congénita, e introduce las manos hasta los codos en el
maravilloso cesto y saca las palabras a puñados, las más bellas, las que más
te agrade ensamblar, pero no para decir cosas que, por lo general son tonterías
o para emitir juicios profundos que no suelen importarle a nadie, sino para
gozar al oírte a ti mismo o para que te oigan HABLAR! aprovéchate de ese cesto
de juguetes e inúndate de alegría diciendo cosas hermosas, pobre renacuajo
aplastado de hombre que eres y no sabes divertirte más que con tu sucia
sexualidad o con la torpe y pesada noria de tu cerebro.
A Vosotros, sobre todo a vosotros, poetas, va el ruego, o el consejo, o el
diablo despoblado, o como queráis llamarlo que os dirigimos. Pero Vosotros,
pintorcetes, arquitectonales, escultores o escultóricos arquitectos, así como
vosotros, burgueses apestantes y cursis novelistas, no os hagáis los
disimulados: también vosotros tenéis materiales plásticos, y cuatro o cinco
dimensiones, y posibilidades ilusorias, y escamoteos, y colorínes y coloretes
con matices y contramatices para demostrar, si os da la gana, que no sois del
rebaño de los sensatos y pentapedantes devoradores de cocido casero,
ensuciadores de calcetines zurcidos o portadores de monóculos, lo cual se llama
monoculóforos.
Con los músicos no rezan estas palabras, pues ellos hacen lo que se les antoja
y nadie suele decirles: "¡ Qué incorrecto! ¡Qué atrevido! ¡Qué loco!
" , y otras semejantes hortalizas para conejos que echan de comer los
burros a los conejos y a los gansos...
Pero también vosotros plásticos y especialmente vosotros los pintores, que tenéis
a vuestra disposición la magia de la ilusión óptica ¿por qué os empeñáis
en copiar pedestremente cuatro cebollas, representáis con brillos de sedas y
relamidos de carne a la dama pseudoaristocrática? limpiaos bien las manos, las
gafas y la imaginación y cread algo vuestro y que os llene de contento.
El Postismo no se forma calcando huellas del surrealismo y modificando algunas
enunciaciones de su credo. El Postismo no es una resurrección del surrealismo.
El Postismo es la resultante inevitable de los "ismos" precedentes.
Nosotros no hemos elaborado este Postismo tan sólo para crear un nuevo "ismo",
dándole luego leyes por nosotros establecidas caprichosamente y a voluntad
nuestra. Tampoco pretendemos con nuestras libertades y nuestros hallazgos "épater"
a nadie. Nosotros hemos recogido lo que hay de latente en las posibilidades de
hoy, lo hemos estudiado y lo hemos definido, dando además un nombre a la
tendencia para que, al nombrarla sus elementos y factores se coagulen en un
cuerpo característico.
El Postismo, pues delinda totalmente de los márgenes que se impone el
surrealismo, y con él no tiene en común más que la fuente de inspiración
subconsciente totalmente libre.
A La pregunta que se nos ha hecho de cómo nació el Postismo hemos contestado,
con forma simbólica y expresión plástica: "Por la imagen que tuvimos de
un hombre que se ríe sentado y fuma con la mano y con la boca". André
Bretón, el pontífice del surrealismo, dice que adivinó la posibilidad
surrealista al oír a su subconsciente casi murmurarle al oído la siguiente
frase: "Il y a un Homme traversé par ma fenêtre."
El postismo es, no esencialmente, sino especialmente un post-surrealismo, y en
buena parte un post-expresionismo. Pero es también un post-dadaísmo. En mínima
parte un, un post-cubismo. Mientras tan sólo históricamente es un post-ultraísmo,
un post-futurismo, un post-realismo, etc. Es, pues, por descendencia o por
paralelismo o por oposición, o sencillamente por sucesión histórica o cronológica
un verdadero postismo.
Los llamados perezosamente "ismos" son: una época (romanticismo), o
un estilo (Modernismo ¬ dicho también estilo floreal ¬),o una escuela de
manera (impresionismo),o de técnica (divisionismo), o de inspiración
(neoclasicismo), o un movimiento estético (cubismo), o un movimiento ideológico
(surrealismo), o un fenómeno racial (ultraísmo o futurismo), o confusamente un
conjunto de aspectos comunes a un determinado momento (novecentismo); y pueden
tener los siguientes caracteres: si no son espontáneamente nacidos (como ya se
ha dicho en del complexo romántico), son voluntariamente provocados y se
autodefinen y se autonombran más o menos propiamente; pudiendo estos últimos
diferenciarse, en razón de formación, de ésta manera: los personales (archipenkismo,
ramonismo), los especialistas (botellismo), los elementales (negrismo, dadaísmo),
los anarquizantes (futurismo), los filosófico-renovadores (surrelismo,
metafisicismo); además pueden dividirse aún en tres categorías: los que
pretenden crear un orden nuevo empezando desde un principio ( dadaísmo,
futurismo, etc.), los que se valen de lo existente sin miras a
progresar (cubismo), y los que valiéndose de los existentes tienden a
concretar los elementos primordiales puros (postismo).
Los "ismos" son, por lo general, creacionistas (alguien los llama
"creacionismos"); el Postismo, pues es creacionista, pero también
revisionista.
Pretenden algunos grupos y ciertas tendencias filosóficas que para hallar el
"orden nuevo" en el momento de decadencia es necesario volver a
empezar de nuevo: tomar el arranque desde el primer movimiento semiconsciente,
desde la oscura interjección y la primera articulación del sonido-palabra o
del sonido-canto, y volver a fabricar con arcilla y manos el primer puchero y
con sílex y mango la primera arma; y así llegar a otras nuevas civilización-cultura
y civilización-arte, con otra edad de oro en que la humanidad sea más feliz...
Y esto, rápidamente. Pues el apremio de las necesidades inmediatas y de los
todopoderosos elementos (negativos, según ellos) en lucha, no concede largos
plazos. Nosotros, los del Postismo, opinamos perfectamente lo opuesto; es cuestión
de método.
El Postismo recoge la herencia de otros "ismos", acepta la enseñanza
y ejemplo de lo consagrado (a pesar de todos los grajos negros que
rebuznan bien agarrados con sus endebles patas a la rama de la envidia) y llega
arañando y exhalando gritos de contento hasta los fósiles para ir buscando,
patas arriba y con ruedas, y andando retrogradamente lo "redondo del
postismo".
La música es, de las manifestaciones libres, la más postista porque es la más
abstracta; es también la más, la única, perfectamente patética. Pero la poesía
es la más completa, porque participa de las condiciones de lo móvil (progresión),
de lo inamovible (materia) y de lo perspectivo (imagen), condiciones elementales
que entrañan las posibilidades musical, corpórea y plástico-visual, siendo ésta
última, la pictórica, la más noble de las no se por qué llamadas artes, pues
es la que realiza el acoplamiento de lo materialmente creado, objeto afín a si
mismo y de lo ilusorio, ficción perfecta.
En la música tenemos, como en las letras, teatro, danza o cine, la sucesión
en el tiempo o el espacio, y la materia (sonido); la imagen no existe, nace únicamente
por sugestión. En la pintura falta la sucesión (si no se eceptúa los fenómenos
que pudieran surgir del políptico ¬ La Ilustración es otra cosa ¬ o
simplemente del nexo de la obra con su titulo, en cambio son, son elementos
suyos la materia y la perspectiva (cuarta dimensión);
también la escultura posee estas características, con la diferencia de que
goza de las cuatro dimensiones, mientras a la pintura le falta la tercera; el
color, que es el sentido musical de la pintura, corresponde en la escultura a
otro elemento de que sólo disfruta la escultura misma y la arquitectura: el
tamaño.
De éstas observaciones y de la definición del Postismo vemos el orden
decreciente de las posibilidades postistas en estas varias manifestaciones
siendo la penúltima la escultura y la última la arquitectura (en la que no
cabe postismo propiamente dicho, a no ser en modalidades de estilos que, como
era, coincidieron con el movimiento).
El expuesto orden corresponde casi totalmente con el establecido por la
antroposofía, que es, cronológicamente en el desarrollo de las artes el
siguiente: arquitectura, escultura, pintura, música, poesía, euritmia.
Nosotros, como se ha visto, damos la preferencia a la música sobre la poesía.
La tragedia y la danza son inherentes a la una y a la otra. El cinematógrafo,
que contiene todas las artes y ofrece por consiguiente las mayores
posibilidades, ha sido tan horrorosamente descuidado, y lo sigue siendo, que no
merece por el momento especial atención, La euritmia no podemos considerarla
como arte exenta por hallarse en nacimiento y, si acaso, distribuida como
característica en las demás manifestaciones; pero, indudablemente, el Postismo
saca ya buen partido de ella (euritmia-buen ritmo). La caza y la pesca, y en
menor proporción los demás deportes y juegos (sobre todo los naipes), han
encerrado desde siempre elementos del Postismo y se encuentran en la misma
situación, para nuestro discurso, que la euritmia.
Cazando las palabras en el aire, máximo ejercicio del Postismo, será ésta la
mejor ocasión para hablar del "juego".
Alguien ha dicho sin trascendencia, y denigrando de nuestro Postismo, que más
que una cordial expansión de nuestros sentimientos era un "juego para
demasiado inteligentes". Y, en efecto, a veces quien cree poner el dedo en
la llaga, más bien una verdad sobre algo que tiene un valor positivo. Existe un
"juego". Juego divino que ha existido en todo creador. La creación es
quizá más que nada "recreación", recreo, divertimento, que, al
tratarse de poesía pura, o de alto pensamiento, o de alguna calidad príncipe,
encierra en sí la principal razón de ser de la belleza. Hay otras cumbres que
son tan sólo "juego" y en el Postismo el "juego" es ya la
base de su técnica. El simple ritmo en poesía o en música, es
"juego". La composición en pintura y arquitectura es
"juego". El retorno a una idea, una frase musical, una o unas
palabra-símbolo, o palabra-personaje, o palabra-clave, en las formas que tiene
sucesión, es "juego", y la rima, es "juego": y la
asonancia, es "juego"; y cierta forma de asociación, es
"juego"; y el contraste es "juego"; y el mismo ambiente anímico
o tonal-color, es "juego"...
Pero, ¿qué es precisamente el "juego" en el Postismo? Todo cuanto se
ha dicho, pero llevado a la categoría de técnica-base, o de factor -principio
de lo emocional directo (pues la técnica-base es factor emocional ¬ en éste
segundo aspecto ¬ indirecto o coadyugante). Además, determinados aspectos de
relación y determinada preferencia (cuya expresión se descubre en la repetición
el insistir y la vuelta o retorno) por formas ideológicas, lingüísticas de
materiales o de objetos, así como una positiva diferenciación en todos los
elementos expresivos y expresables, hasta llegar a rozar el monstruosismo, el
desequilibrio y la desintegración, es del dominio del "juego". En el
ambiente constantemente en transformación y constantemente en movimiento de ese
perpetuo, repetido y alterno mecanismo de análisis y síntesis, en ese ver y soñar
recordar y perder, soltar y ganar, en el feliz y desinteresado casamiento del
alma corporal y del alma espiritual, de la razón y el instinto, de lo
subconsciente de lo sensorial y lo inteligente; en ese ambiente constantamente
en transformación y constantemente en movimiento se descubre la verdadera razón
o la consecuencia inevitable del "juego" postista.
Por consiguiente: el "juego" está en la espina dorsal de toda obra
postista (y de toda obra humana que caiga ¬ auténticamente ¬ en esa banal
palabra-definición arte ), pero suele estar más patente y despierto aún
en la técnica de toda obra postista (que en la mayoría de las obras humanas,
por lo que a los medios expresivos se refiere ¬ técnica ¬, eso que llamamos
"juego" queda adormecido, difuso o sofocado por la necesidad del
sentido vulgar ¬ el sentido común ¬ para su más fácil expansión, o por la
ignorancia y ofuscación en que nos postra la cultura, o por la pereza que, poco
a poco, se apodera de las facultades mentales cuando se ha mutilado o perdido el
habito de la imaginación). Y ésta certidumbre se hace clarísima si pensamos
que tan sólo la niñez se halla en estado de gracia. (¡Bendita niñez!, que
nosotros defendemos hasta el aburrimiento de quines quieran escucharnos. La
adolescencia posee el caudal de la fuerza ciega, pero ya semiconsciente y
abastardada; más por desgracia, ya ha malgastado gran parte de su herencia
imaginativa. Y el hombre maduro de nuestros tiempos, después de perder toda su
imaginación, pierde también su espontaneidad: es en ese momento horrible
cuando, lleno de falsa experiencia, es presa de egoísmo.)
Todo lo que gana el hombre en cultura y en experiencia lo pierde en pureza de espíritu. Y tres elementos poderosos se conjuran para cohibir el impulso imaginativo y mirar los más elementales principios de la sensibilidad: el precedente de las antiguas escuelas, la cultura general y la vulgaridad del gusto de los públicos.
Pero no se crea que nosotros tenemos nada contra los mencionados elementos. Las
antiguas escuelas merecen todo nuestro respeto como testimonio que son de
momentos sublimes en que, allá en los años, factores múltiples se reunieron;
no seremos nosotros quienes preguntarán a los desaforados si conviene o no
incendiar el Museo del Prado. La cultura general concede gracias a la persona,
como la buena educación y el sentido de la honradez, y esto nos parece notable,
pero no nos impide consignar sus también deletéreos defectos. El vulgo, el
publico la gente, ¡extraño animal!, pide carne y no la toca; luego se alimenta
de carnaza. Pero, así como toda nuestra ira verdaderamente divina se dirige al
publico (que no al pueblo), también se vuelve a él toda nuestra clemencia
amorosa y didáctica. Nosotros no somos cerrados y herméticos, nuestro
movimiento se brinda a la gente, a esa gente que si no entiende no es
precisamente por su culpa; y se brinda principalmente a los humildes...
Y es el momento de decir a burgueses y burócratas, a ricachones y mandarines
que no queremos herirlos; que nuestro "ismo" es benigno y que hasta
los defenderemos de otros "ismos"; que nuestro movimiento no es
politico ni politiquero, pues es universal; que respetamos todo principio
religioso, puesto que somos libres y no nos importa que los demás lo sean (además,
en España somos católicos); que no somos iconoclastas, ni sexuales, ni
asexuales, ni asexuados, pues los problemas de lo sexual no nos interesan sino
como tales. Además, declaramos al vulgo espeso y amorfo, a los pobres artistas
cobardones y comodones que viven de su trabajo, que no los tocaremos, puesto que
el Postismo nada tiene que ver con lo que ellos hacen o creen hacer. Nosotros
hacemos Postismo para nosotros y para quien quiera oírnos o mirarnos; pero lo
hacemos como el hombre que fuma la pipa, y no por ello ha de dejar su muy
honorable oficio de fumista; o como el hombre que enreda con un violín en sus
ratos de ocio, y no por eso dejará de acudir a su oficina a tocar el piano en
la máquina de escribir. ¡Que le vamos a hacer, si los postistas somos, a lo
mejor, a tiempo perdido, también nosotros, buenos padrazos de familia!
Muchos nos atacarán; pero ¿de qué les valdrá, si será atacar a fantasmas?
Muchos dirán también que no nos entienden; pero ¿y qué se nos da a nosotros
de que esos ellos no nos entiendan?
Se reirán de nosotros; pero ¿qué vale la risa del que se ríe sin ganas?
¡Qué solos vamos a estar, pero qué bien!
Eduardo Chicharro (Madrid Enero de 1.945)
EL POSTISMO Y LA VANGUARDIA ESPAÑOLA DE POSGUERRA [1]
El movimiento postista, fundado en 1945 por Eduardo
Chicharro, Silvano Sernesi y Carlos Edmundo de Ory representa, desde nuestro
punto de vista, la síntesis y punto final del proceso de los istmos en la
literatura de vanguardia española de la primera mitad del siglo XX, a la vez
que raíz de las lineas que conforman la literatura experimental de la segunda.
Este valor como movimiento puente hacia la vanguardia contemporánea ha quedado
demostrado por la recuperación del movimiento postista en torno a los años
setenta, momento en que la poesía visual o experimental adquiere su auge en
España y participa en esta recuperación de la vanguardia anterior. Pero esta
primera formulación exige unos mínimos planteamientos previos.
Partimos de una concepción global de la vanguardia,
entendida así como un proceso en la renovación del arte y la literatura del
siglo XX y en una dimensión supranacional. Esta concepción global sobresale
por encima del papel concreto de los diversos istmos, desde las raíces en el
modernismo hasta el surrealismo, así como por encima de la valoración de cada
uno de los movimientos de vanguardia en las diversas literaturas nacionales. En
definitiva, cada uno de los istmos de vanguardia representa un nuevo impulso, a
veces más teórico que real, en el proceso de revolución formal de los
lenguajes que caracteriza a la modernidad.
El modernismo es el punto de partida de la citada revolución
formal que, a través sobre todo del Cubismo, Futurismo, Dadaísmo, culmina en
el movimiento surrealista. Este último representa efectivamente la
trascendencia de la vanguardia más allá de los limites minoritarios en los que
se hablan movido los anteriores istmos, lo que convierte al Surrealismo en
movimiento fundamental de la estética de nuestro siglo en Europa.
Pero en España la vanguardia tiene en su conjunto características
peculiares, que han provocado incluso la discusión sobre la existencia de un
auténtico espíritu de ruptura a través de movimientos organizados que cumplan
los presupuestos tradicionales de los istmos europeos. El citado carácter
supranacional de la vanguardia permite esta observación comparada y, de ahí
por ejemplo, la actitud de os que opinan que no puede hablarse de un Surrealismo
estricto (concepto de istmo vanguardista de acuerdo con la ortodoxia del
movimiento francés), a pesar de que existen obras y autores de *inestimable
valor en esta línea: García Lorca, Alberti, Cernuda Aleixandre. Efectivamente
el automatismo puro de Breton no parece frecuente entre los españoles, pero se
olvida, por ejemplo, al poeta malagueño José María Hinojosa, aún no
recuperado y próximo sin duda a la ortodoxia surrealista, entre otros autores.
Al mismo tiempo, e independientemente de la negación de Lorca o Alberti como
autores de vanguardia, parece difícil negar el auténtico valor como obras
surrealistas a Poeta en Nueva York y Sobre
los Ángeles de estos autores.
Desde nuestro punto de vista, muchos de los problemas que
plantea la vanguardia provienen de que el estudio de la misma suele hacerse
sobre todo a través de la teoría que manifiestan los diversos istmos, cuando
la creación literaria no es siempre coherente con esa teoría y los textos difícilmente
reflejan esas peculiaridades de cada movimiento.
En cualquier caso, si el Ultraísmo ha sido visto por
algunos como síntesis española de los primeros movimientos de vanguardia, cuya
proyección más destacada se observa en las actitudes vanguardistas de la
Generación del 27, también el Postismo de 1945 ha sido visto desde su aparición
como síntesis, ahora radicalizada, de la vanguardia anterior a la guerra civil,
es decir, del Surrealismo. A ello contribuye el propio nombre del movimiento:
Postismo, el último de los istmos, lo que va detrás de los istmos. Sin
embargo, de acuerdo con la cronología, el Postismo, más que un trasnochado
Surrealismo, es el precedente de las nuevas actitudes que representan en Europa
el Letrismo, Concretismo, Espacialismo y la literatura experimental en
definitiva.
El
Postismo. Punto de confluencia de los istmos
La intención renovadora del Postismo, por encima de la
labor creativa desarrollada por sus miembros, se explica por el contexto
espacial y temporal en el que surge: España, en la década posterior a la
guerra civil y ante el predominio de una literatura sosegada y evasionista que
representa el movimiento Garcilasista, de corte neoclásico. Pero supone además
intento de conexión con la vanguardia europea cuyas lineas habla detenido la
guerra civil y esto de una forma orgánica, es decir*, con conciencia y propósito
de constitución de istmo (manifiestos, revista y estrépito) al modo europeo.
A pesar de las similitudes teórico‑prácticas con el
Futurismo, Cubismo, Dadaísmo o Surrealismo no podemos considerar al movimiento
español como una traducción o versión hispánica de uno de estos movimientos,
continuación por ejemplo de los propósitos planteados por el Surrealismo, que
no hablan tenido proyección en España sólo de una forma individualizada y
parcial. Desde nuestro punto de vista es, tal vez del mismo modo que en
el Romanticismo español, una tardía síntesis del espíritu dominante en la
Europa artística de un periodo concreto y, por ello, nueva configuración de
esos planteamientos. En cualquier caso y dada la importancia del surrealismo, el
movimiento postista es considerado desde sus inicios como versión trasnochada
del surrealismo francés, lo que genera una actitud de rechazo casi inmediata.
En esta cuestión inciden evidentemente razones extraliterarias.
La relativa ausencia de istmos en un sentido estricto en
nuestro país sitúa al Postismo casi como único ejemplo, lo que ha supuesto
una sobrevaloración de su papel bien positiva o negativamente, según la
actitud de los estudiosos.
Hemos planteado ya el papel del Postismo como revulsivo en
la línea estética predominante en los inicios de la posguerra española, que
representa la revista Garcilaso, pero destacamos también el esfuerzo por confluir con los
presupuestos vanguardistas detenidos por la guerra civil y que hablan
caracterizado la labor última de algunos miembros de la generación del 27.
La vinculación del 27 con el surrealismo, coincidiendo con
la estancia de Pablo Neruda en España y la revista Caballo Verde para la poesía, se
vió truncada en pleno proceso de gestación por la guerra civil. En cualquier
caso la relación del 27 con el surrealismo es indirecta, más bien producto de
la coincidencia con algunos presupuestos del Surrealismo. En los miembros de
esta generación no existió conciencia de grupo de vanguardia (a pesar de la
reunión mantenida en Sevilla con motivo del homenaje a Góngora) ni propósitos
encaminados a su creación. Los intentos marginales en que algunos se vieron
mezclados no llegaron a fraguar y, en general, con algunas excepciones, no
podemos definir como vanguardista al conjunto de los miembros del 27, aunque
existan obras que responden perfectamente a este calificativo.
Esta inexistencia de un movimiento de vanguardia posterior
al Ultraísmo colocaba así al Postismo como ejemplo tardío de Surrealismo español.
Todo esto no quiere decir que no pueda hablarse de Surrealismo en España, como
han pretendido algunos, sino que, en todo caso, la aportación española reviste
en líneas generales un acento particular. Aparte de lo que representó el
Postismo, existen en España autores plenamente vinculados a la ortodoxia
vanguardista, como muy bien expresan los estudios de Paul Ilie o Brian Morris,
por citar dos ejemplos.[2]
El Grupo surgido en torno a la revista tinerfeña Gaceta de Arte, íntimamente
relacionada con los principales miembros de la "escuela" francesa, la
obra de escritores como Agustín Espinosa, José María Hinojosa o Juan Larrea,
son también destacados ejemplos de surrealismo español acorde con la ortodoxia
del surrealismo europeo. o puede olvidarse además la aportación directa de
autores españoles a la vanguardia en las diversas artes, a veces como motores
esenciales de la misma en el contexto europeo: Picasso, Dalí, Miró, Oscar Domínguez,
Buñuel, etc.
En cualquier caso, dado que el Postismo cumplía esas condiciones mínimas de
s movimientos de vanguardia (manifiestos, revista, estrépito) con conciencia
clara propósito de sintetizar e introducir en España las corrientes europeas
de ;vanguardia, sería lógico interpretarlo como Surrealismo español, a pesar
de que en existen además otros ingredientes. De hecho, el Postismo, del mismo
modo que el movimiento dadaísta en Europa, procede y se justifica en su dimensión
de motor o activo ante una situación determinada, en un contexto temporal y
espacial ,concretos. Tras el absurdo de la guerra civil y ante una poesía que
ensalza la figura
Garcilaso como soldado y poeta modélico, el Postismo reacciona con una
actitud lúdica introduciendo el ingrediente del absurdo, el juego en la creación
estética, el automatismo surreal, la simultaneidad de planos de procedencia
cubista, una subterránea posición antiinstitucional y la apertura hacia los
cauces del erotismo, sin olvidar tampoco un cierto sentido nihilista paralelo al
del Dadaísmo, rasgos que se explican por las circunstancias del momento histórico
en que surge.
Por estas mismas razones puede explicarse el rechazo con que fue acogido y
los ;entos de minimización de su importancia posteriores. El surrealismo español
anterior a la guerra civil no había profundizado en determinados aspectos. El
postismo, la subversión de valores políticos y sociales, la guerra declarada
contra las instituciones, la moral o las costumbres, la libertad total como
motor de la istencia, e incluso la crudeza y morbosidad del surrealismo francés
tuvieron aquí eco aislado y no constituyen rasgos caracterizadores de la
vanguardia anterior al 36.
El caso de José María Hinojosa, cuya recuperación y estudio es aún
incipiente, ;resulta bastante significativo. Siendo uno de los pocos prosistas
del surrealismo español vinculado plenamente a la escuela francesa, fue
marginado claramente por ; contemporáneos y no sólo por su condición de
terrateniente andaluz, sino, sobre lo, por su abierta confesionalidad
surrealista tras su estancia en París. El mismo ;Guillermo de Torre considera a
Hinojosa como el único surrealista español y, de hecho alardeaba con orgullo
de sus contactos parisinos en el ambiente literario madrileño [3] lo que le
granjeó la enemistad y la burla de algunos miembros y precursores del 27. Si la
razón socioeconómica (señorito andaluz) pudo explicar en parte cierta
animadversión hacia Hinojosa, esta misma situación fue disculpada, sin
embargo, en Villalón, bien visto entre los del 27. La muerte de Hinojosa como
terrateniente no ha supuesto sin embargo una revitalización de su figura en la
posguerra, paralela a la de Villalón, y ello, tal vez por esa confesionalidad
como surrealista. No olvidamos la identificación que muestra la escuela de
Breton, sobre todo a partir de 1928, en la Exposición Internacional de
Amsterdam, con la línea ideológica marxista, y la militancia de sus más
destacados miembros en el partido comunista. A pesar de las disenciones y la
posterior postura del partido contra la tendencia, es explicable el rechazo en
la España de la posguerra contra aquellos autores más 0 menos identificados
con el Surrealismo y el silencio que recae sobre Larrea, Hinojosa, o
determinadas obras de los autores principales de la literatura anterior a la
guerra.
García Lorca queda así como poeta del Romancero Gitano, Juan
Ramón es el autor, sobre todo, de Platero
y yo, como Alberti lo es de Marinero
en Tierra, por citar tres ejemplos. El Postismo nace pues con el estigma del
Surrealismo y de aquí los calificativos de revolucionarios, rojos, masones y
corruptores de la juventud con que son acogidos en la prensa sus promotores. No
hacía falta por tanto que el Postismo no mostrara explícitamente algún
contenido político para explicar su rechazo. Como movimiento de vanguardia el
Postismo conlleva un espíritu revolucionario que, aunque se traduzca a niveles
específicamente estéticos, tiene repercusiones en los demás campos a partir
del concepto de integración de la vida y el arte. Coincide además con el
hecho, casi inmediato al hundimiento del Postismo, del asentamiento de las bases
de lo que habría de constituir la literatura social, a partir de la revista y
el grupo Espadaña y determinadas
obras en los diversos géneros: La Familia
de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, en la novela, Hijos de la Ira de Dámaso Alonso en la lírica, Historia de una escalera, de Buero Vallejo, en el teatro, son obras
determinantes en esta dirección de preocupación social y de literatura
testimonial, que predominan en la década de los cincuenta. A partir de esas
fechas la vanguardia, así como cualquier tendencia de orden esteticista (el
grupo y revista Cántico de Córdoba),
quedan eclipsadas y corren subterráneas hasta los inicios de los setenta. Tras
la desintegración del Postismo, suficientemente explicada por estas razones, el
silencio se hace casi total sobre los autores y las obras de corte vanguardista
no sólo de la posguerra, sino también de la vanguardia española anterior a la
guerra civil.
Estas mismas causas que explican el silencio posterior son
las que determinan, por contraposición, la recuperación a partir de los años
setenta de todas aquellas manifestaciones que habían quedado de lado, desde el
Postismo al grupo Cántico, y al Postismo como movimiento surrealista español,
frente a los que postulan la inexistencia en España de dicho movimiento.
En definitiva, la valoración del Postismo debe hacerse
sobre todo a partir de su significación histórica dentro de ese fenómeno
amplio que denominamos la vanguardia, y que implica una doble dimensión: La
vanguardia no es sólo avanzadilla en el proceso de autorrenovación normativa
propio del arte actitud de reacción contra la fosilización de los lenguajes
expresivos, sino también sistematización de esas nuevas formas de estilo que
abre con su ruptura, creación de una obra reflejo de la nueva cosmovisión.
Dentro de ella habría que distinguir a los movimientos
emplazados fundamentalmente en la primera actitud, de reacción y ruptura, como
pudiera ser el caso del Dadaísmo, y con una clara vinculación a una situación
espacio‑temporal muy concreta (la primera guerra mundial), frente a
aquellos otros movimientos que se sitúan más en la segunda función, la creación
de una nueva cosmovisión a partir de las brechas abiertas por los primeros,
como sería el caso del Surrealismo. La existencia de unos puede explicar por
tanto la aparición de los otros y el valor del Postismo estaría, como en el
Dadaísmo, no en la obra que produce, sino en la actitud de reacción que
representa. Si en otros movimientos de vanguardia la obra representa poco frente
a la teoría, el Postismo lleva esto a su extremo, hasta el punto de que es más
extensa esa teoría que la creación postista. El movimiento pretendía haber
hallado su realización no sólo en el ámbito literario, sino también en las
artes plásticas y la música, a modo de un arte total, pretensión con la que
coincide la literatura experimental posterior, a la vez que los manifiestos
determinan también las conexiones con los restantes istmos.
Vamos a detenernos por ello en el análisis de los diversos
manifiestos, ya que poco más puede hacerse con el estudio de este movimiento:
La revista Postismo
sólo llegó a sacar un número, al igual que su sucesora Cerbatana.
LOS MANIFIESTOS DEL POSTISMO
Cuatro fueron los
Manifiestos reconocidos por los fundadores del movimiento, Eduardo Chicharro,
Carlos Edmundo de Ory y Silvano [4]
1. ANÁLISIS TEMÁTICO DEL PRIMER MANIFIESTO
1.1. Creación de mundos
Comienza el primer manifiesto con una nota previa,
justificación de sí mismo, de lo que un manifiesto representa y puede aclarar
de una tendencia. En suma, su valor meramente aproximativo de la obra, donde
reside la clave de un movimiento. De forma continua, a diferencia del segundo
manifiesto (que se desglosa en apartados), va esbozándose la columna vertebral
de la teoría postista. Comienza por la imaginación, hija de la razón y del
subconsciente, y define sus capacidades en relación con la filosofía:
especulación abstracta, con la ciencia: experimentación, y, dentro de su
potestad de creación: con la invención industrial (aptitud mecánica) y con la
invención artística (aptitud espiritual). En resumen, la creación de mundos
y, en ellos, de hechos e imágenes. Según la mayor riqueza imaginativa se
establece la amplitud o cerrazón de cada uno de los mundos individuales, no
confundibles con la personalidad, que es un aspecto del ser que se exterioriza,
mientras la tenencia de un mundo propio puede no salir por su carácter íntimo.
El postismo preconiza la existencia y el triunfo de esos
mundos específicos, individuales y colectivos de los que la religión es la más
alta expresión anímica y el arte, su expresión sensorial más pura. El
subconsciente es el que facilita la materia en bruto para toda creación.
1.2. Definición
A raíz de éste se establece la definición del Postismo
que, a continuación, he desglosado en esquema:
1.3. Credo postista
Continúa el manifiesto con la presentación de un credo poético que recoge
en breves frases: La similitud en los pactas postistas, sus parentescos más
cercanos y diferencias, la afirmación de la imaginación y su instrumento, la técnica,
como clave de la creación, la ilimitación en lo que puede ser material poético
y, sobre todo, la aplicación a la estética. Este punto resulta extremadamente
significativo para la caracterización del Postismo. En él, la poesía nace
tanto de la idea como del sonido, de la imagen plástica o de la palabra. La
palabra en sí se establece como fuerza motora de la creación postista, con la
valoración que adquiere por su situación en el sintagma y con las relaciones
que dimanan de su paradigma. De aquí que el valor puramente fonético pueda ser
elemento poético y la importancia que se concede al ritmo y a la rima en sí
mismos.
A un nivel superior se plantea la equiparación e incluso supervaloración
del lenguaje sobre el pensamiento; el idioma como una enorme y delicada
maquinaria utilizable por cualquiera con plena libertad, lo que es ampliable a
los materiales plásticos, pintura, escultura, arquitectura y, sobre todo, música.
1.4. El Postismo y los istmos
A partir de aquí se sitúa el postismo en relación con el Surrealismo, las
similitudes y variantes que proceden, a su vez, de diversas posibilidades
latentes en el momento y que tuvieron origen en las tendencias de vanguardia
como el Expresionismo, Dadaísmo, Cubismo y, en menor medida. el Futurismo. Los
istmos aparecen entonces clasificados según el carácter de época, estilo, técnica,
movimiento estético o ideológico, conjunto de aspectos comunes a un
determinado momento, según sus finalidades y circunstancias. En este sentido se
define a la "Nueva Estética" como creacionista y revisionista,
movimiento constructor de un orden nuevo, pero a través de elementos de otros
órdenes y con posibilidades en diversas artes. De éstas, es la música la más
postista por su abstracción y la poesía la más completa por concentrar en sí
características de las otras: materia, sucesión en el espacio y el tiempo, e
imagen.
1.5. El juego
El último aspecto que recoge este manifiesto es el
"juego". Este se encuentra en la base de la técnica postista; el
ritmo, la composición plástica, la recreación de la palabra, la rima, la
asonancia, el elemento asociativo, determinadas preferencias manifestadas en la
repetición insistente de formas, materiales y objetos entran plenamente en el
dominio del juego, que aparece en la "espina dorsal" de toda obra
postista. Tiene éste evidente relación y encuentra su sentido en el valor dado
por los postistas a la niñez como etapa de auténtica libertad de la imaginación,
que se adormece en la madurez a causa de tres impulsos: Las antiguas escuelas,
la cultura y la vulgaridad del gusto.
Termina con una declaración de universalismo y libertad, de
negación de límites y actitudes de ataque contra nadie, el istmo como
movimiento no excluyente y su obra destinada a aquellos que quieran recibirla.
Las últimas líneas denotan una certera intuición de la
acogida que el Postismo iba a recibir: "(...) Muchos nos atacarán, muchos
dirán también que no nos entienden. Se reirán de nosotros".
Firma este manifiesto Ch. H., iniciales que corresponden al
fundador del movimiento Chicharro Hijo, nombre frecuentemente utilizado por él
para diferenciarse de su padre, el pintor Eduardo Chicharro.
2. ANÁLISIS TEMÁTICO DEL SEGUNDO MANIFIESTO
Firmado por los tres creadores del Postismo, comienza con
unas primeras observaciones y resultados, balance del año transcurrido desde su
fundación y que se basa en las críticas recibidas en periódicos y revistas.
A través de una serie de puntos se testifica que no ha
fracasado y continúa su evolución, que no ha caído en la indiferencia por las
polémicas levantadas y, por último, que no ha sido comprendido. Asímismo,,
refieren las adhesiones recibidas, los reproches sobre la ausencia de obra, ante
todo en pintura sobre la falta de claridad en postulados y credo, la carencia de
seriedad por incultura, ligereza y humorismo de sus miembros, la identificación
con el Surrealismo por parte de algunos; el consejo, por parte de otros, de
volver a ese movimiento y la afirmación por la mayoría de que el momento de
los ismos ha pasado.
2.1.
Los ismos
De este modo, el segundo manifiesto se elabora como contestación a estos
puntos desglosándose en nueve apartados, el primero de los cuales resalta la
presencia e importancia de los ismos en general, sus repercusiones en la cultura
y otros campos a pesar de la brevedad de su obra. Un ismo, un movimiento estético
(29 apartado) no es sino producto de una necesidad, con sus antecedentes y
causas las circunstancias que lo provocan. No puede ser algo inventado y
responde, tal es el caso del Postismo, a una tradición mediata o inmediatamente
anterior.
En el tercer apartado aparece así como producto de la observación de
fen6menos de la época, producto del descubrimiento de posibilidades
particulares en determinadas formas literarias y artísticas, como aglutinación
de Influjos. Le sigue una observación relativa al nombre, ausente de toda
explicación que no sea etimológica: el último de los ismos (el que va detrás
de los ismos).
2.2. La
originalidad
El tema de la originalidad se anuncia en el cuarto apartado como el mayor de
los errores encontrados en las críticas recibidas. En abundantes artículos
aparecidos en la prensa se aportan elementos de toda una tradici6n que no
difiere de la creación postista, lo cual es para sus creadores aplicable a
cualquier otro ismo y demuestra, por otra parte, que se tiene una idea clara e
inconfundible del carácter de su estética.
2.3. Definición
Sobre la definición del Postismo se ocupa el apartado quinto. Establece los
problemas que de ésta se derivan, en tanto que una exigencia de postulados y un
programa definido se oponen a la evolución 16gica de un movimiento o al
resultado que posteriormente pueda tener su proyección artística. Vuelve a
surgir la primera definición ofrecida en el anterior manifiesto y, a continuación
se manifiesta su invalidez para la situación actual del Postismo ya
evolucionado hacia nuevos cauces.
Se pretende ahora retornar al Cubismo en sus límites, desentrañar lo raro,
hacer del lenguaje no un medio sino un fin, llegar mediante la libertad al
disparate encontrar la belleza en el desequilibrio y estudiar el secreto de los
"enajenados, los niños y los salvajes". La libertad total de la
imaginación del ismo: "La locura inventada".
2.4.
La acogida oficial y la bohemia
En el sexto apartado aparece el manifiesto como documento aclaratorio de
respuesta a la situaci6n del Postismo en el momento. Como punto fundamental se
sitúa la falta de acogida recibida y la negativa general de España a los ismos,
obstaculizados éstos por la poesía oficial.
El séptimo se refiere a la pretendida bohemia, la renuncia a la vida burguesa
exigida a los miembros del Postismo y la declaración de éstos de inexistencia
de incompatibilidades en cualquier actividad artística o no artística.
2.5. Resúmenes y notas de periódicos y cartas
En el penúltimo apartado se presentan diversos artículos aparecidos en la
prensa y cartas recibidas como elementos del proceso sobre el que corre el
movimiento y, pocas veces, en un sentido positivo. En ellos se recogen primeras
impresiones, opiniones decididas, críticas por el tipo de ismo o por el mero
hecho de serlo, ataques contra la vanguardia, referencias informativas,
interpretaciones extraliterarias, consejos. Todo ello aparece en citas y resúmenes
de los peri6dicos y en las cartas recibidas por los postistas, en las que se
aprecia una mayor comprensión hacia la obra de los mismos. En ellas se
clarifican las adhesiones y los juicios son más templados. A menudo se le
concede al Postismo la tarea de extirpar, iniciar la evolución, depurar las
letras del momento, de continuar la labor de los ismos anteriores.
2.6.
Declaraciones
El noveno y último apartado se desglosa en quince declaraciones que sirven, a
su vez, de aclaración.
Se defiende la originalidad, la existencia de precedentes y parecidos, su carácter
de producto del momento, la negación de su novedad, la ausencia de relación
con el Ultraísmo y la relativa identificación con el Surrealismo.
Se niega asimismo que exista una finalidad propagandística y que el
movimiento pueda ser definido o comprendido si no es en perspectiva y a través
de la obra. Como principio establece que la 16gica del Postismo reside en su técnica,
que su primera fuerza inspiradora es la imaginación, que le interesa toda forma
de arte espontáneo y que cualquiera de las artes, excepto la arquitectura,
puede pertenecerle. Finalmente, expresa el deseo de devolver la alegría al
hombre, no siendo, pero pudiendo ser, un antídoto contra la vulgaridad. Termina
el manifiesto señalando la relación entre las ideas de Ortega y Gasset
defendidas en la "Deshumanización del arte" con el Postismo.
3.
ANÁLISIS TEMÁTICO DEL TERCER MANIFIESTO
Dedicado a los estudiantes, y en un periódico para éstos, aparece definido el
tercer manifiesto como una estadística. La finalidad de éste es aclarar
algunos puntos sobre la entidad del Postismo como movimiento estético que
responde a una serie de requisitos. Al estudio de estos requisitos empleados por
la nueva estética, se dedica el manifiesto.
3.1.
Postismo en relación con ocho ismos más. Equivalencias y análisis
Para
ello se realiza una detallada y concreta relación de los movimientos de
vanguardia que precedieron y dieron sus fundamentos a la "Nueva estética"
incluida y analizada en relaci6n con las demás.
Así
se cataloga el Postismo y se estudian las equivalencias con ocho de los ismos más
importantes: Futurismo, Dadaísmo, Cubismo, Expresionismo, Surrealismo,
Simbolismo, Ultraísmo, Existencialismo. Cada uno de ellos aparece definido por
una idea representativa y la elegido para el que ellos encabezan es:
"euritmia". También se les ordena según su claridad específica, según
su consistencia, su importancia técnica (el Postismo ocupa el segundo lugar),
su importancia intelectual (en sexto lugar), su carácter de moda y, por último,
su fuerza estética.
Le
sigue un análisis más extenso de lo que los nueve ismos representan. Así se
define el Postismo como un neo‑surrealismo y un neo‑expresionismo,
con los que le une la utilización de materiales del subconsciente. Se
diferencia, sin embargo, del Surrealismo porque no admite automatismo absoluto
al seleccionar los materiales y porque no elude, sino busca, una estética
especial. No rehuye la 16gica, que pasa a ser técnica, ni la moral, que se
traslada a entusiasmo y alegría sensoriales. Propugna el juego de la imaginación,
el dominio de lo formal y el ritmo.
A
partir de aquí, establece un cuadro sin6ptico en cuatro apartados: Ismos técnico‑plásticos,
ideológico‑literarios, literario‑filosóficos, e ideológico-plástico-técnicos
(en el que se incluye al Postismo), cuadro que no detallamos por razones de
espacio.
Señala
además las posibles confusiones entre ellos y algunas consideraciones sobre la
presencia o no de un programa establecido y la carencia, a veces, de rasgos rígidamente
concretos. Un ismo destaca entonces más por la obra que por la originalidad de
fines y sólo es comprendido cuando se analiza ésta.
3.2.
Parentesco e incompatibilidades
Ateniéndose a la intención de encontrarse y centrarse en cuanto a la
obtención de materiales del subconsciente, se hermanan el Expresionismo,
Surrealismo y Postismo, y por orden de derivación se filian el Dadaísmo,
Surrealismo y Postismo. Es decir: De aquí el parentesco que une a estos
movimientos y la herencia recibida: intuición y primitivismo, subconsciente y
expresividad: por derivación Dadaísmo por subconsciente
Expresionismo ~ Surrealismo ~ Postismo
Postismo
A continuación, mediante el sistema de oposición de rasgos característicos, se
establece el orden de incompatibilidades del Postismo con los ocho restantes
movimientos. De este modo se construye la definición del ismo que estudiamos
frente a los demás. Veámoslo en esquema:
Ultraísmo
frente a........................ Postismo
afección
.......................................... espontaneidad
moda...............................................
principios de la tradición
modernismos
.................................sentido constructivo y técnico
ejemplarizando sobre los clásicos
folklore
........................................... sentido popular universal
metáfora..........................................imagen
plástica
Existencialismo
............................. Postismo
amoralidad......................................
amor
ateismo
........................................... misticismo
frialdad
........................................... exaltación
deshumanización
........................... antropomorfismo y panteismo.
realismo..........................................
imaginación
anulación
del yo............................. dualismo del yo
materialismo...................................
sensorialismo
Simbolismo....................................
Postismo
símbolo
clave ................................. símbolo invertido y enderezamiento
Expresionismo
..........................
.... Postismo
complejo.........................................Juego
subconsciente
expresionismo
humano................. expresionismo rítmico‑sensorial
deformación
del dibujo ................. decorativismo (arabesco)
patología.........................................euforia
(locura inventada)
Surrealismo...................................
Postismo
automatismo
................................... control
escritura
automática………………... poesía
misterio...............................…………
enigma
irracionalismo
subconsciente.........racionalismo subconsciente o consciente
abstracción...........................….........
Morfología
fantasmagoría.......................….......
Locura inventada
negación
de la lógica.................... Lógica de los sentidos (lógica técnica)
negación
de la estética.................... Nueva
estética
negación
de la moral ...................... Euforia
3.3.
Aclaraciones
Termina
el manifiesto con una serie de aclaraciones, sobre todo del descubrimiento, y no
invención, del Postismo, su existencia desde siempre y no sólo en aspectos que
pertenecen al campo de lo artístico. El Postismo se encuentra así en la
morfología animal, en todo primitivismo, en lo rupestre, lo salvaje, la
infancia. Se citan entonces tendencias, autores y libros en los que aparecen
rasgos postistas y, a la vez, reiteran de nuevo la imposibilidad de descubrir la
esencia del Postismo si no es a través de la audición o lectura de poemas de
diversos autores en él encuadrados.
También
pone de manifiesto la importancia del número tres en el movimiento, reflejo de
la Triada fundadora.
4.
ANÁLISIS TEMÁTICO DEL CUARTO MANIFIESTO
Muy
breve, este cuarto manifiesto aparece como el "ejemplar", el
manifiesto lírico. Está firmado por Chebé‑Ory, los dos principales
autores del movimiento y en él se llega ya a los limites de la libertad
expresiva en lo que se refiere a un manifiesto. Concebido como creación, tiene
dos partes que pretenden ser explicación de la obra postista la primera y del
último manifiesto la segunda.
4.1.
De la obra
Declaran, como ofensa, el haber sido tachados de
ultraístas o las confusiones con el Surrealismo, el hecho de que no se rían de
ellos o que lo hagan con encomio, figurarse al movimiento sin figuras que lo
sustenten, el apartamiento, los ataques recibidos, el entretenimiento con
promesas.
4.2.
Entidad del cuarto Manifiesto
Refleja
este manifiesto, mejor que ninguno, el reconocimiento del fracaso, la confirmación
del éxito en el proceso de marginación a que se ha visto sometido el ismo y, a
la vez, la no resignación de sus creadores. Es un grito de protesta y un nuevo
enfoque a la intención de dar a conocer lo que fue el Postismo mediante la
negación y confusión.
En
los anteriores manifiestos, a pesar de la posici6n que se mantenla de que es la
obra y no un programa lo que define a un movimiento, se esforzaron por explicar
qué era y qué pretendía, en qué consistió y sus elementos principales.
Ahora,
sin embargo, se le define como "(...) una mano de tres dedos: helos aquí:
la discordia, el adulterio y la mágica palabra, o, para ser más claros: la
paloma, el gerifalte y el tres pies que tiene el gato(...)", e incluso,
intentando "aclarar" aún más: "(...) primer punto, esperar el
divino rebuzno que suena desde dentro; segundo punto, prestar oído atento a
todos los ecos contingenciales que la misma voz íntima ensombrece y bifurca
(...)".
No creemos que sean
estas expresiones sin sentido, sino, más bien al contrario, tal vez sea esta última
definici6n una de las más plásticas y expresivas del proceso de creación
postista. Es, pues, un nuevo modo de aplicarla: frente a la utilización del
metalenguaje en los tres primeros manifiestos, en éste, se recurre a la misma técnica
postista para autoexplicarse. Así se habla, en la segunda parte, de la confección
de estas páginas en un momento de un domingo, entre Chicharro y Ory, como un
acto de creación postista, un Postismo que aún no se da por acabado y que se
presenta como algo inagotable, en un estado de libertad total y lejos de
cualquier tipo de prejuicios.
ateniéndose: 'De aquí el parentesco que
une a estos movimientos y la herencia recibida intuición y primitivismo',
'subconsciente y expresividad por derivación Dadaísmo por subconsciente El
Postismo y sus consecuencias
Tras la desintegración del Postismo en los primeros y únicos números de las
dos revistas, y generalizadas las polémicas y criticas al movimiento, algunos
intentaron revivir lo que este habla significado, y surge así un Postismo de
"segunda hora" abocado como el anterior al fracaso. En cualquier caso,
algunos de los autores vinculados o relacionados con el movimiento constituyen,
junto a los promotores primeros, las figuras principales de nuestra vanguardia:
Juan Eduardo Cirlot, Francisco Nieva, Fernando Arrabal, Ángel Crespo, entre
otros, tanto como creadores, así como en el papel de introductores. Crespo es,
junto al uruguayo Julio Campal, uno de los principales difusores del Concretismo
y la literatura experimental en España, ya en los años sesenta. Así, el
Postismo, del que muchos habían oído hablar en los tiempos del estrépito y
pocos conocían en sus realizaciones, quedó asentado, en lo esencial, en la
obra y en la evolución personal de algunos de estos escritores, configurándose
originalmente a partir de su principal poeta, Carlos Edmundo de Ory.
"Recalcamos el papel defendido por los postistas desde el principio como
recolectores, que no inventores del movimiento y, por tanto, nunca
sistematizadores de una ortodoxia. El Postismo estaba en el ambiente, por lo que
se explica que escritores de muy diversa condición se hayan vinculado al
movimiento no sólo en la época, sino incluso posteriormente. El mismo Fernando
Arrabal, uno de los dramaturgos de vanguardia con mayor trascendencia en el
contexto actual, ha reconocido públicamente su "aprendizaje" de la
vanguardia en el Postismo, del mismo modo que algunos de los principales
representantes de la puesta experimental, Fernando Millán o Felipe Boso, por
citar dos ejemplos, reconocieron al Postismo como precedente. De hecho los
creadores del movimiento eran conscientes del destino que aguardaba al
movimiento y el mismo Eduardo Chicharro su principal teórico, vaticinó
acertadamente un futuro para el polémico ismo hacia los años setenta, siendo
precisamente en esta década cuando la edición y recuperación de la obra de
Ory, Chicharro, Cirlot, como de otros vanguardistas, se hace efectiva. En 1970 Félix
Grande realiza una extensa antología de Carlos Edmundo de Ory, con estudio,
bibliografía e inclusión de los tres primeros manifiestos del Postismo.
Leopoldo Azancot edita en 1974 una también extensa antología sobre Juan
Eduardo Cirlot, y Gonzalo Armero los poemas de Eduardo Chicharro; la revista
malagueña Litoral dedica un número homenaje a Ory y nosotros mismos, en
1978, una nueva antología con un amplio ensayo introductorio sobre este
autor.[5] Así, la importante obra inédita de Ory, como de los restantes
vanguardistas, ve la luz a lo largo de esta década, importante en España para
la recuperación de muchos de los marginados en las décadas precedentes,
incluidos los autores del exilio. Es precisamente en esos años cuando el arte
parece exigir una posibilidad de creación múltiple, rompiendo incluso las
barreras existentes entre la música, la pintura y la literatura; es el momento
en el que las posibilidades del mundo de la imagen, la publicidad y los nuevos
avances en las técnicas de comunicación invaden el arte, la época en que las
tendencias estéticas horadan la base del concepto artificial de artista y el
momento en que, en definitiva, el lenguaje cobra en España un valor como
material artístico en sí mismo, liberándose de la esclavitud contenidista y
testimonial de las décadas anteriores. Estas y otras razones son las que, en
nuestra opinión, contribuyen a que el Postismo y sus creadores se pongan de
moda, coincidiendo con los gustos de la nueva generación, la de los novísimos.
EL POSTISMO EN EL CONTEXTO
DE LA VANGUARDIA(b)
Cuando se ha investigado y publicado durante años sobre un tema, como es mi
caso con el Postismo, no es fácil añadir nuevos aspectos sin caer en
repeticiones, pero también la distancia nos abre nuevos ángulos de visión, y
hay un aspecto que cada vez me parece más interesante del movimiento Postista:
se trata de la tensión entre innovación y tradición, el compromiso con la
modernidad y la deuda a la vez con la historia, lo que implica su posición en
el contexto de la vanguardia, y el de esta en el conjunto de la historia
literaria.
Creo además que esa tensión entre tradición e innovación puede verse como
un rasgo destacado del Postismo, explicable por la época en que surge pero
también peculiar, sobre todo si entendemos que la vanguardia ha mantenido como
uno de sus ingredientes fundamentales la ruptura con el pasado, con la tradición
y con la misma historia literaria.
El Postismo no deja de ser, en efecto, un movimiento revolucionario, de
reacción, pero no tanto contra el pasado, que viene ya ocupado en definitiva
por las vanguardias históricas, suficientemente desarrolladas y asentadas
entonces en la órbita internacional, sino más bien contra el presente artístico
y literario de los primeros momentos de posguerra, aquellas líneas de
evasionismo clasicista predominantes en la época. Con todas las diferencias que
estimemos oportunas viene a cumplir por tanto un papel similar al que tuvo el
Dadaísmo frente a la Guerra mundial, en tanto que reacción (mediante el
absurdo) al absurdo en este caso de la guerra civil, y consecuencia de ella, lo
que significa que no puede juzgarse al Postismo tanto por sus valores intrínsecos
como por su razón de ser histórica.
En un orden obviamente distinto también el Postismo coincide con la posición
de reacción que supuso la rehumanización ya en Hijos de la Ira , de Dámaso
Alonso, o el Grupo "Espadaña", aunque desde planteamientos estéticos
distintos. Quiere ello decir que el movimiento optó por una de las opciones
entonces existentes (la ruptura vanguardista) motivado por unas razones históricas
concretas.
No deja por tanto de ser innovador en el contexto histórico español, y más
aún cuando no han existido en España, en las décadas precedentes, movimientos
de vanguardia que cumplan los requisitos imprescindibles. Pero podría
entenderse también como "tradicional" en cuanto asume, y así lo
especifican muy bien los manifiestos, muchos de los principios defendidos por
los diversos ismos Europeos del siglo, y que forman parte ya de la "tradición"
vanguardista. El Postismo entonces resultaría innovador, incluso frente a la
vanguardia, precisamente por todo lo que asume del arte anterior al siglo XX,
aunque esos antecedentes pertenezcan funda-mentalmente a esa tradición que se
define por la heterodoxia. Este punto es el que hoy más nos interesa: la relación
del Postismo con una extensa tradición de juegos formales en la literatura que
arrancan desde el periodo helenístico griego y que llega hasta el presente.
Ya desde los primeros textos y documentos del Postismo se afirma la
existencia del movimiento desde siempre, por lo que los "nuevos postistas"
de la segunda mitad de los años cuarenta no se presentaban entonces sino como
redescubridores, bautizadores y exaltadores de aquella estética que contaba con
amplios precedentes.
Esta actitud, que no resulta del todo novedosa en la historia de la
vanguardia literaria española, cuya agresividad contra el arte anterior no es
en términos generales ni tan radical, ni tan predominante como en los
movimientos europeos, tiene, sin embargo, en el Postismo unos fundamentos
especiales, sobre todo porque éste sí fue un ismo en sentido estricto, con sus
manifiestos, revista y estrépito, pero se situaba al final de la etapa de los
ismos clásicos, donde ya poco quedaba por agredir, a no ser las plácidas
corrientes neoclásicas (como han sido definidas) del momento en que surge.
Cuando a principios de 1975 iniciaba yo mis trabajos de doctorado sobre las
vanguardias, a partir precisamente de mi memoria de licenciatura sobre el
Postismo, ese fue un aspecto que me pareció destacable y que ya entonces intuía
hasta cierto punto extensible en mayor o menor grado a toda la vanguardia
literaria y artística, a pesar de los esfuerzos de esta por asentarse, sin
embargo, en la ruptura total con el pasado. Por esa razón inicié mi
investigación en esa línea, intentando determinar, como introducción a mi
trabajo, las raíces del formalismo vanguardista en los periodos precedentes, lo
que terminó llevándome al siglo IV a. C. y ocupando el 90% de mi estudio.
Al finalizar este, nueve años después, y recogido hoy en el extenso ensayo
Poesía e Imagen (2)nuevo accidentalmente en el tercer manifiesto del Postismo,
de 1947.(3)recen detallados muchos de esos elementos en los cuales los modernos
descubridores del Postismo veían sus antecedentes:
equívocos, mimetismos, metamorfosis, onomatopeyas naturales, el arte
primitivo, la infancia, la improvisación popular, la ornamentación vegetal y
geométrica árabe, El Apocalipsis , Rabelais, El Bosco, Durero, Mallarmé, Poe,
Kafka, etc.
Todos estos aspectos concretos han ocupado un espacio en nuestro investigación,
la cual pone más o menos de manifiesto que, por encima de la valoración de lo
que haya supuesto históricamente la vanguardia, sus autores y movimientos, esta
no representa en su conjunto, al menos en el plano textual, sino una acumulación
nueva y compleja de multitud de artificios considerados durante la historia como
extravagancias literarias, juegos de ingenio, artificios formales o manierismos
literarios (como los llamó E. Robert Curtius).
Y esto sí me pareció una hipótesis interesante: Vista la vanguardia ya con
cierta perspectiva y en su conjunto, nos da la impresión de que no ha hecho
sino revitalizar y dar un nuevo sentido, en definitiva, a líneas, fórmulas y
conceptos que han existido desde siempre, aunque considerados en la órbita de
la heterodoxia, como extravagancias literarias, juegos de ingenio y artificios
retóricos marginales, es decir, que el formalismo de la vanguardia guarda una
clara relación con las actitudes formalistas de la historia literaria y las fórmulas
artificiosas que incluso se recogen en las poéticas y retóricas tradicionales.
La interrelación entre literatura y plástica, por ejemplo, es una aspiración
manifiesta desde los griegos hasta Lessing, con fórmulas específicas que van
desde el caligrama a la emblemática de los siglos XVI-XVII. Esta aspiración de
un arte total tendría en la ópera su mejor testimonio.
Basta incluso realizar un mínimo recorrido por los tratados de poética,
desde fines del siglo XVI hasta el siglo XVIII, para ver en ellos recogidos todo
tipo juegos de letras, acrósticos, caligramas, poemas en eco, aliteraciones,
rupturas tipográficas, etc., que nos ofrecen curiosas síntesis entre poesía y
plástica o poesía y música, o las tres a un tiempo, como los caligramas
musicales de Isaac del Vado en el siglo XVII.
El desconocimiento sin embargo de esta tradición es hoy bastante amplio,
incluso entre los vanguardistas, por lo que no cabe pensar en una influencia
directa, pero esto se explica también porque han sido fórmulas consideradas
casi siempre desde una óptica negativa. Una mínima revisión de la historia
del caligrama evidencia de forma incontestable la importancia de los
precedentes, muy por encima incluso de los ejercicios modernos.(4)Los
caligramas, por ejemplo, de Jacques Cellier, del siglo XVI, los de Julius
Higinus, del siglo X, hechos a partir de la obra astronómica del griego Aratus,
o cualquiera de los caligramas árabes o hebreos harían sonreír en la
comparación con Apollinaire.
Pero si ahora se trata, como indica el título de esta exposición, de
sugerir el contexto en el que podemos situar al movimiento Postista, de lo dicho
hasta ahora se deduce una interpretación de la vanguardia bastante amplia y no
exactamente coincidente con la ortodoxia de los ismos. Por otra parte, el libro
de Jaume Pont(5)e e impide ahora detenernos en esas relaciones del Postismo con
los restantes ismos.
Todo esto supone que, sin minusvalorar el papel histórico del Postismo en el
conjunto de las vanguardias históricas en nuestro país, intento entenderlo y
entender también a la vanguardia en el contexto de la historia del arte a lo
largo de los siglos, por lo que implica el nuestro de revitalización de fórmulas
existentes desde siempre, aunque en los límites de la heterodoxia literaria.
Desde esa óptica y aunque sólo fuera por la similitud de los juegos formales
en la literatura, no sería exagerado relacionar la estética de las
vanguardias, por ejemplo, con el formalismo del periodo helenístico griego, o
su revitalización entre los siglos V al IX en la literatura latina, la
tendencia a la complicación y a la oscuridad del "trovar clus"
provenzal o el amor por lo enigmático y jeroglífico de afines del siglo XVI.
Como ya señalé, hacia 1975 me interesaban sobre todo los aspectos
textuales, las fórmulas concretas de la vanguardia literaria y, sobre todo, en
el periodo posterior a la guerra civil, es decir, la llamada "poesía
experimental". En ella es más patente aún el valor de la letra por sí
misma, la huida de la construcción de un mensaje por encima de la forma, la
ruptura con el sintagma y la concepción plástica del poema, hasta el punto de
predominar el término "poesía visual", que tiene sin embargo menor
importancia en el Postismo, en beneficio de los juegos fónicos, de la
musicalidad. Era lógico entonces buscar esos antecedentes a nuestro siglo como
prólogo al tema elegido, pero pronto el material desbordaba las previsiones,
llegando, como ya decía, al periodo helenístico griego, uno de los momentos
históricos en que es más fácil encontrar similitudes con las actitudes de la
vanguardia.. Al final, ese "prólogo" terminó ocupando cerca de mil
folios, frente a un centenar que dediqué al tema inicial de la vanguardia.
No es momento ahora de discutir la validez de la postura ni la licitud de la
relación de la vanguardia con esos tan lejanos antecedentes, que nos llevan a
una difícil defensa del concepto de "avanzada" implícito en el término
vanguardista, pero tampoco podemos olvidar que los caligramas (Simmias de Rodas,
Teócrito, Dosiadas, etc) proceden del siglo IV, y que se han venido
desarrollando en todas las épocas, y que el mismo Apollinaire podría sonreír
hoy ante la atribución que suele hacérsele en la invención de la fórmula, de
la que él conocía sus antecedentes.
En cualquier caso, también es cada vez más evidente en la critica esa
concepción de la vanguardia como un impulso más o menos uniforme en la que los
ismos no serían sino eslabones de una cadena con un menor número de elementos
diferenciales de lo que a menudo dan a entender los manifiestos. Tal vez
convendría, en definitiva, analizar lo que aportan los textos teóricos de cada
uno de los movimientos a la teoría estética de la vanguardia,
independientemente del papel histórico de los diversos ismos, su trascendencia
en el contexto en que surgen o la importancia de los textos creativos. Así, el
papel de cada uno puede determinarse en esas tres dimensiones y, por ejemplo el
Dadaísmo, destacaría como símbolo de radicalismo teórico y ausencia de
textos, lo que a su vez es perfectamente coherente con sus posturas.
En el caso concreto del Postismo ya hemos visto que no pretenden establecer
una posición extrema novedad y señalan además con cuidadoso detalle (sobre
todo en ese tercer manifiesto) sus coincidencias y divergencias programáticas
con los más importantes del siglo. El propio nombre elegido Post-ismo, sugiere
esa idea de último eslabón, o incluso, lo que va detrás de los ismos,
formando parte de ellos, pero inaugurando a la vez algo distinto.
Este detalle me parece fundamental ya que el Postismo concede especial
importancia a la técnica, a la elaboración formal: el subconsciente facilita,
según ellos, la materia en bruto para la creación, pero es el laboratorio el
que la lleva adelante, con normas técnicas rígidamente controladas, lo que le
aleja del automatismo psíquico puro y le acerca a la alquimia. Desde cierto
punto de vista, la técnica postista, con su formalismo lúdico, tiene entonces
bastante que ver con las nuevas corrientes vanguardistas que surgen en Europa en
la misma época, incluso más que con las vanguardias precedentes, a pesar de
que se le haya considerado como un surrealismo tardío.
En este punto efectivamente los postistas rompían con el más o menos
patente desfase cronológico de los movimientos españoles de nuestro siglo con
respecto al referente europeo, pues si efectivamente podemos considerarlo un
ismo tardío, incluso trasnochado, como lo definió la reacción al movimiento,
no es menos cierto que coincide exactamente con el surgimiento de la que suelo
denominar como segunda vanguardia, la llamada literatura experimental.
Así el Postismo, que fue enjuiciado en los años cuarenta como un anacrónico
intento de revitalizar las primeras vanguardias, hoy es preciso entenderlo como
precedente real de la literatura experimental española, en la que destaca como
uno de sus principales difusores el también Postista Ángel Crespo y que, a
fines de los sesenta, reconocía al movimiento como antecedente inmediato. De
hecho el Postismo coincide cronológicamente con el Letrismo francés de Isidore
Issou, o el Espacialismo de Pierre Garnier, movimientos iniciadores en Europa de
esa literatura experimental que cobraría un impulso especial con el Concretismo.
Desde mi punto de vista el anacronismo en los procesos estéticos españoles
de nuestro siglo tiene cierto carácter de constante, con algunas excepciones,
pero ello sería una prueba más de las peculiaridad de nuestro país en relación
con la modernidad y con el contexto europeo, lo que tal vez pueda explicarse,
entre otras razones, por la ausencia de la revolución industrial y de una débil
ruptura con el "Ancien Régime". En cualquier caso, al menos en el
proceso de las vanguardias pude volver a aplicarse la teoría de los frutos tardíos,
a la vez que resulta curioso que en cada uno de los impulsos de la modernidad
haya tenido un papel destacado algún autor latinoamericano: Ruben Darío en el
Modernismo, Huidobro con el Creacionismo, Neruda con el Surrealismo y Julio
Campal con la poesía Experimental.
De todos modos esa la falta de sincronía entre el proceso español y el
europeo no debe juzgarse, en mi opinión, desde un punto de vista negativo o
positivo. De hecho tampoco España coincide con fenómenos internacionales como
las dos guerras, sin que por ello nos quedáramos sin experiencia bélica. En
definitiva, el carácter tardío que parece deducirse de nuestras actitudes
renovadoras, esa crítica de la modernidad por la que España accede sin embargo
al mundo moderno sin compartir sus riesgos(Octavio Paz) a veces nos convierte
paradógicamente en precedentes de nuevas posiciones en el contexto europeo.
No podemos negar que los juegos fónicos, las aliteraciones, el ludismo
formal, el control racional de lo irracional, etc., de la técnica Postista
tiene efectivamente puntos en común con la poesía experimental, desarrollada
en España a partir de los años 60 y difundida en los 70, como tampoco es difícil
ver las relaciones de este tipo de literatura con muchas de las fórmulas que ya
señalábamos de la tradición "heterodoxa" anterior al siglo XX. En
este punto al menos el Postismo participa del cosmopolitismo de la vanguardia y
del arte moderno, con lo que puede insertarse perfectamente en esa homogeneidad
relativa de la última vanguardia internacional.
Pero también es cierto que la técnica postista apunta en su conjunto más a
las posibilidades sonoras del lenguaje, al ritmo, a la musicalidad, que a las
posibilidades visuales, principal foco de atención del Cubismo y el Futurismo.
Y con esto se acerca al modernismo, que llevó a su culminación la retórica
musical del romanticismo, mientras la primera vanguardia opta en general por el
plano visual. El Postismo, aunque efectivamente se presentó como una estética
abierta a las distintas artes, tiene con la música un parentesco especial
innegable y en eso sigue la tradición modernista, pero, a la vez, puede
relacionarse también con lo que supone la llamada "poesía fonética"
dentro de la literatura experimental .
Y pudiera ser una simple coincidencia, pero Eduardo de Ory, padre de uno de
los fundadores del Postismo, fue destacado modernista, amigo de Rubén y uno de
los tres únicos autores que han hecho una antología de poemas raros,
extravagantes y curiosos hasta el periodo de la guerra civil,. siendo además
los tres andaluces.
Pero, en general, los modernistas españoles no llegan a los extremos retóricos
que se observan entre los latinoamericanos, como tampoco Juan Ramón parece dado
a la musicalidad "orquestal" de aquellos, y está más cerca del
intimismo sonoro de Bécquer.
La misma aspiración de integración vehemente en la modernidad que se
observa en los vanguardistas españoles durante la primera mitad del siglo, a la
vez que suelen poner límites a los radicalismos extremos en los diversos
planos, sin que llegue a darse por ejemplo un sentido revolucionario en el plano
político, religioso o de enfrentamiento con el sistema, no hace sino confirmar
esa peculiar tensión entre innovación y tradición que me parece rasgo
importante de nuestra historia reciente y que se presenta como elemento
diferenciador respecto a Europa. En este sentido Ortega y Gasset, retomando la
preocupación europeísta del 98, apostaba ya en 1924 por esta vocación
cosmopolita, supranacional, al menos en el campo del arte.
Pero si la crítica suele señalar con rasgos de peculiaridad a la vanguardia
española de la primera parte del siglo, y se discute incluso la existencia
misma de la vanguardia, salvadas las excepciones individuales que se incluyen de
pleno derecho en el vanguardismo europeo, no sucede lo mismo con la segunda
vanguardia, la poesía experimental de los años 60-70, que se ha visto
perfectamente integrada en ese "asociacionismo internacional" característico
de tales líneas. En ella es bastante evidente una concepción de proyecto
colectivo que ha fraguado en un buen número de antologías internacionales:
Baste citar entre 1967 y 1977 las de Emmet Williams, An Anthology of concrete
poetry (6) Mari Ellen Solt, Concrete poetry: a world view (7)e ya se incluyen
once autores españoles, así como la de Klaus Peter Dencker, Text-Bilder.
Visuelle Poesie international (8)José María Figueres y Manuel de Seabra,
Antología da poesia visual europeia (9)
Desconozco si existe, por ejemplo, en el campo de la poesía discursiva, alguna
antología similar a esta última, de ámbito europeo, a pesar de que, al menos
en el plano oficial, la existencia de esa Unidad Europea sea indiscutible. Pero
la poesía experimental española sí se difunde en obras colectivas
internacionales, e incluso se han publicado algunas antologías específicas de
nuestra producción fuera de España, a pesar de que, de nuevo, el
desconocimiento sobre este tipo de obras sea bastante general, también entre
especialistas en literatura.(10)
Existen por tanto contactos entre los poetas experimentales españoles y los de
otras latitudes, participan en exposiciones, son incluidos y estudiados en
revistas especializadas, aunque lógicamente estas líneas no tengan en todos
los países una acogida uniforme.
Sin embargo la internacionalización del arte, bastante evidente en la
vanguardia, no es en esencia distinta de la que se produce en otros ámbitos de
la cultura, las modas, las costumbres y formas de vida, algo que se explica por
la importancia y el poder de los medios de comunicación y la permeabilidad de
las culturas en nuestro siglo.
De todos modos, las claves del cosmopolitismo del Arte de nuestro tiempo pueden
explicarse también por razones estéticas, ya que tiene su fundamento en el
propio proceso de las ideas estéticas de la modernidad. Este proceso, que
arranca en síntesis de la ruptura del concepto de arte-imitación y el
establecimiento del principio de libertad creadora ya en el Romanticismo alemán,
terminó llevándonos a un nuevo concepto de originalidad y a un sentido de la
creación como investigación formal, como alquimia de los lenguajes: Poe,
Baudelaire, Mallarmé, etc.
El principio del arte por el arte y la idea de que la esencia del mismo ya no
reside en su valor como vehículo de los mensajes informativos, de las ideas,
sino que se asienta en la investigación de los elementos formales, colores,
sonidos, manchas en el plano, textura de materiales, movimiento, o la palabra
como conjunción de grafismos o sonidos, nos lleva a la desintegración de las
barreras interartísticas, a la creación de un arte total que sobrepasa las
fronteras geográficas e idiomáticas.
La despersonalización de Baudelaire, su rechazo al yo-real en beneficio del
yo-poeta, del yo-artista, o la deshumanización de Ortega, son claros síntomas
de ese nuevo concepto de autor, de esa eliminación de la peculiaridad personal
o local, en beneficio de un sentido de creación colectiva, es decir, el mejor síntoma
de esa aspiración cosmopolita. De hecho, como el alquimista o el cabalista, el
poeta se siente un miembro más de esa cadena en la investigación alquímica de
los lenguajes, y el texto no es sino un paso en el proceso de investigación,
sin otro valor que el de síntoma de ese proceso. La primacía del yo-artista
sobre el yo real, y la concepción del arte como experimento, han establecido así
ese nuevo sentido por el que se implanta la "poiesis" colectiva, lo
que en la vanguardia experimental se traduce con el concepto de autor como
"operador", como transformador de la materia y un miembro más en la
cadena de autores que investigan en la misma línea. El texto por tanto no tiene
ya valor como obra hecha, a pesar de que pueda ser objeto de mercado; es, en
definitiva, un paso que se deja atrás en el proceso de experimentación(11)
No es extraño que Octavio Paz, entre otros, hayan insistido en ese rasgo que
distingue, por ejemplo a Valle Inclán o a Borges como autores modernos,
supranacionales, frente a Antonio Machado, representante aún de una conciencia
y una problemática nacional -sin que esto se entienda en un sentido
peyorativo-, del mismo modo que tampoco hoy parece lógico entender al Dadaísmo
como un movimiento suizo o al surrealismo como francés.
Pero el tema tiene para nosotros especial interés si lo enfocamos desde el ámbito
español, ya que este internacionalismo, que parece indudable desde los primeros
movimientos de vanguardia europeos, de los que procede en definitiva la
vanguardia experimental, no se corresponde con los otros niveles de la creación
literaria más habitual.
De nuevo es preciso acudir en este punto a la peculiaridad española en el
contexto europeo y occidental, pues si el Postismo supone una excepción en los
años 40, la literatura española de esa y la siguiente década tampoco
coinciden con las líneas predominantes en Europa, como podemos ver muy bien en
el predominio de las orientaciones realistas en la novela o el teatro
principalmente.
Si la modernidad procede, en definitiva, de la revolución industrial y la
crisis europea de fin de siglo, esa tensión entre tradición y modernidad no
llega en realidad a establecerse en nuestro país como dicotomía hasta la
guerra civil, por lo que no parece extraño que las vanguardias anteriores desde
inicios del siglo tengan tan sólo un eco tímido y en ámbitos reducidos.
Baste contemplar esto en el género dramático, con la pervivencia del drama
realista burgués representado por Benavente, que ocupa casi en solitario la
escena de las primeras décadas a pesar de los intentos frustrados de
transformación por parte los autores de la generación del 98, y sin un eco
siquiera de los profundos cambios que experimenta el teatro europeo. Sólo con
la generación del 27 puede hablarse de un cambio que vendría a detener la
guerra civil.
La relativa negación de la primera vanguardia en España no excluye sin embargo
la importancia decisiva de algunos vanguardistas españoles, pero estos
pertenecen más bien a la órbita de la vanguardia europea -Picasso, Dalí, Gómez
de la Serna, Arrabal- o tienen aún hoy un reducido eco en el sector editorial y
en los estudios: Larrea, Guillermo de Torre, Josep Maria Junoy, Salvat-Pappasseit,
Hinojosa, etc.
La misma experiencia del Postismo, tras la guerra civil, cuya importancia parece
hoy difícil de discutir, ha necesitado más de 25 años siquiera para su
estudio.
Tal vez por esta razón, cuando hacia la década de los sesenta se inicia en
España la llamada literatura experimental, se sitúa esta en un plano de total
disociación con la realidad literaria del momento y con una clara vocación
internacional, lo que explica que se haya dado a conocer antes y más
profundamente fuera de nuestras fronteras(12)que aún hoy pueda considerarse un
tema de interés para los especialistas.
Resulta evidente que el proceso de la literatura española tras la guerra civil
no concuerda con las líneas desarrolladas en occidente. Si el neorrealismo había
tenido lugar entre los años 20 y 30 en Italia (Bernari, Vitorini, Levi, etc),
en Francia, en la novela norteamericana, o brasileña como reflejo de las nuevas
concepciones políticas y sociales, en España esto sucede a fines de los
cuarenta, con la generación de medio siglo, precisamente cuando se impone en
Europa la estética del “nouveau roman” y la llamada antinovela. El más
joven de los narradores franceses de esa estética, Michel Buttor, nace así el
mismo año que Ana María Matute (1926) y lo que para nosotros significaba
renovación, podía entenderse como un anacronismo desde una perspectiva
europea. Los textos teóricos de Robbe-Grillet sintetizando las bases de la
nueva novela salen en 1955, el año en que en España se publica El Jarama.. No
es extraño, por tanto, que en los encuentros internacionales sobre novela en
los años 60, la postura de los españoles discrepara en conjunto con las
restantes posiciones, especialmente de los franceses.
Del mismo modo, cuando la generación de la transición, del lenguaje, del 68, o
de los “novísimos” reacciona contra el realismo y proponen la vuelta al
arte por el arte, al lenguaje o a la subjetividad (Natalie Sarraute o A. Robbe-Grillet
defendieron el subjetivismo total) no hacen sino coincidir con argumentos y teorías
del nouveau roman, por lo que la revolución contra el realismo volvía a ser
anacrónica.
En esto considero necesario hacer dos puntualizaciones. La agresividad de mi
generación, que prefiero llamar de la transición, contra los planteamientos
realistas de la de medio siglo, fue más producto de la rebeldía que del
conocimiento, pues la evolución hacia la nueva novela la llevó a cabo
realmente la generación anterior, ya desde Tiempo de silencio o la obra de
Benet, Goytisolo, Caballero Bonald, entre otros.
En cualquier caso, lo que me parece más significativo del Postismo en su
conjunto, no es la obra que deja como grupo para la historia, sino la actitud crítica
que la provoca, el deseo de revisión sin límites del papel del arte en la
historia, una extensa meditación sobre su verdadero sentido en el mundo
moderno.
El concepto de juego, la conciencia de que la verdadera comunicación no es
posible, el sentido del arte como operación artificial, como alquimia formal,
como investigación sobre sí mismo, tal vez sea producto del pesimismo de la
modernidad ante las posibilidades reales del arte para cambiar el mundo. Esto
podría explicar el silencio de Rimbaud o el silencio de significación
referencial de la vanguardia en su conjunto.
En el fondo tal vez la meta de la vanguardia siga siendo la misma del Dadaísmo,
la sustitución del arte por la vida, lo que supone en definitiva un nuevo
humanismo.
TEXTOS Y OBRA GRÁFICA:
Obra Gráfica Original 50 ejemplares papel artesano de 250 gramos del
Molino de Eskulan Guipúzcoa
Reproducción en Edición limitada de 300 ejemplares papel offset 150
gramos
(a) Publicado en Postismo núm 1, Madrid, 1.945(1) "El Postismo en el
contexto de la vanguardia", en rev Insula, nº 510, Madrid-jun.1989, pp.
13-16.
(b) El Postismo en el contexto de la vanguardiaf para ésta edición
limitada ( Rafael de Cózar Doctor en Filología Universidad de Sevilla)
(2)Rafael de Cózar Poesía e Imagen Sevilla, El Carro de la Nieve, 1991
(3)publicado en El Minuto , nº 1, II época , suplemento de La Hora. Madrid
1947
(4) Véase J. Peignot: Du Calligrame , Paris, Du Chene, 1978; y Massin: La
Lettre et l'image. Paris, Gallimard, 1973.
(5)Jaume Pont: El Postismo Barcelona Ed. del Mall, 1987
(6)Emmet Williams, An
Anthology of concrete poetry (New York, Something Else Press, 1967)
(7)Mary Ellen Solt, Concrete
poetry: a world view Indiana , University Press, 1970.
(8)Klaus Peter Dencker, Text-Bilder.
Visuelle Poesie
international (Colonia: Verlag M. DuMont, 1972)
(9)8José María Figueres y Manuel de Seabra, Antología da poesia visual
europeia (Lisboa: Futura, 1977).
(10)Felipe Boso, “Avant-propos. Poesía concreta 1972. Poesía experimental
en España”, en Akzente (Colonia: 1972). A este trabajo le siguió, entre
otros: “La poesía experimental en España”, en Imagen, 83 (Caracas, 1973).
Yougoslavie et Catalans, en Doc(k)s, 12 (París, 1978). Antonio L. Bouza,
“Vanguardias, resurgimientos y poesía significante en España”, en Cahiers
de Poétique et de Poésie ibérique et latino américaine, 5 (París, 1978)..
José Antonio Sarmiento, “L’Avant-garde poétique en Espagne, 1963-1981”,
en Doc(k)s, 50 (198
(11)No es momento ahora de extendernos en estas cuestiones que, por otra
parte, he desarrollado con amplitud en mi ensayo Poesía e imagen (Formas difíciles
de ingenio literario) Sevilla, El Carro de la Nieve 1991. 582 pp.
(12)Salvo error fue nuestro trabajo Fundamentos históricos de la
experimentación poética española , la primera tesis doctoral sobre estos
temas presentada en una Universidad española, en 1984, estudio publicado con el
ya citado título de Poesía e imagen .
[1] Publicado font-size:11.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"en G. Morelli: Treinta años de vanguardia
española , (ed. española corregida y aumentada) Sevilla, El Carro de la
Nieve, 1992.pp. 273-288
[2]Paul llie: Los surrealistas españoles,
Madrid, Taurus, 1972, y c. Brian Morris: Surrealism
and Spain. 1920‑1936, Cambridge, u P., 1972.
[3]El punto de partida para la recuperación de este autor y su posterior
estudio es la edición otipográfica de Alfonso Canales: losé Maria Hinojosa: Obras Completas, Málaga,
Diputación Provincial 1974
[4]El primero de los manifiestos del Postismo salió publicado en la revista Postismo, n. I, Madrid 1945. El segundo manifiesto apareció en el número
extraordinario de la rev.. Estafeta
literaria de Madrid en 1946. El tercer manifiesto lo publicó El
Minuto, nQ I, 11 época, suplemento de La
Hora, Madrid, 194; y los tres manifiestos juntos los recogió Félix Grande,
por primera vez, en Carlos Edmundo de Ory Puesta
1945‑1969, Barcelona, Edhasa 1970. El cuarto y último manifiesto
aparece con los anteriores en la edición de Gonzalo Armero: Eduardo Chicharro: Música Celestial y otros poemas, Madrid Semanarios y Ediciones,
1974.
[5] Ya citamos en la nota tercera de este articulo los datos de edición de
la antología de Ory hecha por Félix Grande, así como la edición de
Chicharro. De Cirlot véase Leopoldo Azancot: Puesta
de Juan Eduardo de Cirlot' /966‑1972, Madrid, Editora Nacional, 1974.
De Ory puede verse también: Rafael de Cózar, estudio introductorio a Carlos
Edmundo de Ory: Metanoia, Madrid, Cátedra, 1978, resumen de los puntos básicos de
nuestra tesis de licenciatura.
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