El
guión cinematográfico de Federico García Lorca, Viaje a la luna, fe
resultado de la colaboración entre el poeta y Emilio Amero, artista gráfico
mexicano. Ambos se conocieron en Nueva York por intermedio de Antonieta
Rivas Mercado, mujer mexicana dedicada a promover las relaciones
culturales entre las gentes de su país y los españoles.
Amero, que trabajaba entonces como diseñador publicitario para Saks Fifth
Avenue and Wana-maker, compartió con Federico García Lorca la pasión
por el jazz, frecuentando ambos un viejo salón de baile, el Small’s Paradise, del barrio negro neoyorquino.
Era la época de Louis Amstrong, Jonny Dodds, King Oliver y el piano “stride” de J. P.
Johnson. Es incluso posible que Lorca oyera a la joven Billy Holliday, o que pudiera escuchar las primeras grabaciones de Duke
Ellington, de Nueva York y Chicago. De este modo, en una tierra estéril,
mecanizada y dominada por el blanco, pudo hallar un grito de dolor que
se identificaba con su sentido de la soledad y la alienación. Los
sincopados ritmos de esta música pudieron actuar como trasfondo de su
concepción del movimiento entre las imágenes y del ritmo durativo de
los planos. Amero había rodado ya un cortometraje, 777, en el que
trataba de modo abstracto sobre el mundo de las máquinas, tema de
significativa importancia en el intento, por parte de los artistas, de
definir el carácter de la experiencia norteamericana.
Basta pensar en La novia desnudada por sus solteros, incluso
(1919-1923), de Duchamp, en el perturbador Cadeau (1921), la plancha con
puntas de Man Ray, en la pintura “precisionista” de Delmuth y
Sheeler sobre paisajes urbanos o en el uso de la imagen de! puente como
símbolo unificador en el largo poema de Hart Crane, de los primeros años
veinte. Mas en lo que se refiere a Federico García Lorca las máquinas
no ofrecieron ninguna promesa de una Nueva Edad. Fueron, más bien, una
fuerza opresiva, hostil y corruptora que redujo todo a un patrón vulgar
producido en masa, un ciego regulador de visiones que abandonó al
hombre, rodeado por la esterilidad de sus propias creaciones, en un
yermo lunar.
Viaje a la luna trata de la crisis de identidad de un muchacho
vestido de arlequín, cuyo cuerpo de adulto no cabe ya dentro de sus
ropas y cuyo traje resulta triste y un poco absurdo en medio de su nuevo
ambiente. El guión se compone de agónicas imágenes de crueldad y
angustia sexual. Tiene todo el penetrante horror de un choque violento
entre la necesidad y el deseo.
Amero describe el método de trabajo del poeta : “
Federico García Lorca se dio cuenta de la posibilidad de escribir un
guión al estilo de mi película, con el empleo directo del movimiento.
Trabajó una tarde en mi casa para escribirlo. Cuando tenía una idea,
tomaba un trozo de papel para apuntarla, tomando notas según le venían.
Este era su sistema de escribir. Al día siguiente vino de nuevo, añadió
unas escenas, lo terminó y me dijo : “Mira lo que puedes hacer con
esto; quizás sirva para algo” En realidad Amero no empezó a
trabajar más que después de la muerte de Federico García Lorca, como
tributo a su recuerdo, no llegando a terminar el film.
La variedad, extensión e innegab!e originalidad de la obra
lorquiana supo siempre admitir y absorber influjos desde campos muy
diversos. Quizás no se pueden analizar adecuadamente sus dibujos sin
recurrir a la cerámica popular, a su relación con Salvador
Dalí, al impacto de los dibujos de Cocteau, a la obra de otros
artistas del círculo de Diaghilev y a su admiración por Joan Miró,
cuya obra estaba tan cerca de las cualidades que Federico García Lorca
buscaba en su propia poesía. Del mismo modo, que las puntualizaciones
siguientes nos permiten entender el guión :
A) las imágenes y preocupaciones estéticas de su obra durante
la época 1928-1931, sobre todo en Las tres degollaciones y Así que
pasen cinco años.
B) la influencia de Le chien andalou (El Perro Andaluz) de Dalí
y Buñuel;
C) su conocimiento de la obra de Chaplin, Keaton, Eisenstein,
Clair, a través de, el Cineclub que dirigía Buñuel en la Residencia
de Estudiantes.
D) las ideas de Cocteau y el ejemplo del grupo de artistas que
rodeaban a Diaghilev.
El guión es, muy ecléctico, con imágenes que vienen
directamente de Keaton y de Dalí, pero, al mismo tiempo, está inundado
por las imágenes que caracterizan la producción lorquiana de esta época,
dando lugar a un choque áspero y distorsionado con un paisaje gris y
blanco de manos invisibles y calaveras, un paisaje donde los gritos de
socorro resuenan por una serie de puertas interminables que recuerdan
los pasillos de Kafka o los espejos de Cocteau. Lorca ya había visto
ese blanco fulgor mortal de la luna en el cielo de España, pero ahora
lo conoce y se adentra en él. El carácter surrealista del viaje
procede de su violenta inmersión en el espanto de las obsesiones y
visiones nocturnas.
Es este entramado de las más profundas raíces del ser el que
produce lo surrealista en Federico García Lorca, y es esta naturaleza
esencialmente orgánica la que presta al surrealismo español su
superioridad sobre la paralela corriente francesa. Amero define el guión como “algo escrito por un soñador, por un visionario, que es lo que
esencialmente fue Federico García Lorca.